El Papa recuerda las palabras del obispo mártir argentino a los chicos franceses de Viviers, que han vuelto de un peregrinaje a La Rioja, siguiendo las huellas del misionero Longueville

Fuente: L´Stampa

«Una oreja para escuchar la palabra de Dios y otra para escuchar al pueblo»: es el consejo del obispo argentino Enrique Angelelli, asesinado en 1976 y que será beatificado en La Rioja el próximo 27 de abrir de 2019, que el joven Jorge Mario Bergoglio escuchó en 1973. El Papa quiso recordarlo hoy ante un grupo de jóvenes franceses que pasaron un periodo en esa diócesis argentina, siguiendo las huellas de Angelelli y otros sacerdotes y laicos católicos asesinados, entre los que está también el misionero francés Gabriel Longueville.

El franciscano conventual Carlos Murias y el sacerdote francés “fidei donum” Gabriel Longueville, de la diócesis de Viviers, fueron secuestrados en la base aérea Chamical, Argentina, el 18 de julio de 1976. Fueron torturados, asesinados y sus cuerpos fueron hallados dos días después; Wenceslao Pedernera, organizador del Movimiento Rural Católico, fue asesinado en su casa frente a su mujer y sus tres hijas el 25 de julio siguiente. Pocos días después el obispo de La Rioja, Enrique Angelelli (18 de julio de 1923 – 4 de agosto de 1976), al volver de Chamical, en donde había celebrado una misa en recuerdo de Murias y Longueville, falleció en lo que la policía y los magistrados definieron accidente automovilístico hasta julio de 2015, cuando, después de que el Vaticano enviara un documento clave, un tribunal estatal reconoció que fue un homicidio y condenó a cadena perpetua al ex general del ejército Luciano Benjamin Menéndez, a los 86 años, y al ex comodoro Luis Fernando Estrella, a los 82 años, reconociéndolos como autores intelectuales del crimen.

Hace algunos días, según refirió la Conferencia Episcopal de Argentina, en una comunicación del obispo emérito de La Rioja, Marcelo Colombo, que ahora es arzobispo de Mendoza, el sustituto de la Secretaría de Estado, monseñor Edgar Peña Parra, anunció que el Papa «ha concedido que la celebración del rito de beatificación del venerable siervo de Dios Enrique Ángel Angelelli Carletti, obispo de La Rioja, tenga lugar en esta ciudad el sábado 27 de abril de 2019».

«Conocí al padre Longueville», dijo hoy el Papa a los jóvenes de la diócesis de Viviers, acompañados por el obispo Jean-Louis Balsa. «Monseñor Angelelli en La Rioja nos predicó el retiro espiritual el 13 de junio de 1973, cuando fui elegido provincial [se refiere probablemente al 31 de julio del mismo año, fecha en la que Jorge Mario Bergoglio fue elegido superior de la provincia argentina de la Compañía de Jesús, ndr.]. Ahí escuché un consejo suyo: una oreja para escuchar la palabra de Dios y otra para escuchar al pueblo. No existe la evangelización de laboratorio: la evangelización siempre es cuerpo a cuerpo, personal, de lo contrario no es evangelización: cuerpo a cuerpo, con el pueblo de Dios, y cuerpo a cuerpo con la palabra de Dios».

La evangelización se da «en camino», dijo el Papa, citando el Evangelio: «Jesús invitó a los discípulos a evangelizar, no les dijo: siéntense, ¡tómense un poco de mate y evangelicen! Cuando ustedes se reúnen, piensan a dónde pueden ir, a visitar un hospital, una casa de reposo para ancianos, una guardería para niños. Su obispo usó una palabra sobre la evangelización, que en su opinión, es una de las palabras más importantes de la pastoral: la dulce y consoladora alegría de evangelizar. Si están ustedes evangelizando bien, esto les dará gusto, alegría. Su frase fue tomada de “Evangelii nuntiandi”, el documento pastoral más importante: en una de sus reuniones pueden leerlo todo, la última parte. San Pablo VI dice esta frase y después describe a los malos evangelizadores: tristes, desanimados, yo diría un poco de vinagre… Es el mejor tratado sobre evangelización que exista».

Francisco respondió libremente a las preguntas de algunos chicos franceses, con la ayuda de un intérprete. «Los que mejor entienden la palabra de Dios son los pobres, porque no ponen ninguna barrera a esta palabra, que es como una espada que llega hasta el fondo del corazón», dijo. «Entre más seamos pobres de espíritu, mejor la comprendemos. Ustedes mismos, tomen la Biblia y el Evangelio, y puede ser que digan: “Esto no lo entiendo, porque no tengo cultura”. Pero les digo: ¡abran el libro, lean y escuchen, y llegará una sorpresa, algo que tocará el corazón! Algo importante es que la palabra de Dios no solo entra por el ojo o por la oreja, sino que se escucha con el corazón, con un corazón abierto. Al joven rico que le preguntaba a Jesús qué hacer para alcanzar la vida eterna, Jesús duce que venda sus posesiones, y el joven no logra porque está lleno de riqueza y, entonces, no tiene el corazón abierto. Cuando tengamos la impresión de no comprender la palabra de Jesús, preguntémonos por qué tenemos el corazón lleno de otras cosas, un corazón que no escucha». La oración, explicó el Papa, debe ser hecha «con el pueblo, en grupo: es más fuerte porque estamos unidos en la oración. Sí, yo puedo estar solo y debo estar solo para encontrarme con Él en la oración, pero solo físicamente, consciente de que conmigo está toda la Iglesia, está toda la comunidad: esta es la manera de rezar del cristiano».

A una chica que le preguntó cómo continuar en Francia con el clima de fraternidad que vivió en su experiencia argentina, el Papa aconsejó que se encontraran regularmente, una vez a la semana o al mes, «para recordar y renovar». En cuanto al servicio a los demás y a la comunidad, que pudieron experimentar los jóvenes franceses en La Rioja, «trabajar juntos por los demás —subrayó Francisco— suscita en nosotros una serie de dimensiones diferentes de humanidad: comprenderse, cooperar y también rezar juntos. Es muy importante: si ustedes dicen “reunámonos y estudiemos cómo tenemos que comportarnos, cómo vivir”, y hacen una reunión a la semana sobre el tema, no dura ni cuatro semanas, ¡y el grupo se disuelve! El diálogo entre ustedes tienen que hacerlo con la mente, con el corazón y con las manos. Si no se dialoga así, el diálogo no dura. Por esto es importante que los jóvenes se ensucien las manos, se comprometan». No faltaron algunas bromas con los jóvenes franceses durante el encuentro. «En La Rioja ustedes cantaron, tomaron mate… ¿probaron la “grappa” del lugar? ¡Es la mejor del mundo!», dijo el Papa Francisco. Para despedirse añadió: «Gracias por el viaje a La Rioja, lo siento que no tengo mate».