Por Patricia Chaina para Página 12

Fueron puntuales: a las cuatro y veinte de la tarde, como estaba previsto, los grupos que piden liberar el cultivo de marihuana en la Argentina, comenzaron su marcha hacia el Congreso de la Nación: “Les fumones organizades, marchamos detrás de las consignas que nos representan”, agitaba Mariel Marani, la joven que guiaba el paso por Avenida de Mayo. “Hace 12 que marchamos con libertad. No somos delincuentes y no renunciamos al derecho al goce, marchamos detrás de los acuerdos que supimos conseguir en más de 30 años de prohibiciones. Pedimos libertad de los presos por plantar”, arengaba.

Desde la una de la tarde, la comunidad cannábica se dio cita en Plaza de Mayo. Luego marcharon. Por momentos se detenían y bailaban al compás de la orquesta de vientos que abría el camino, aun bajo el caluroso sol porteño. Al llegar a la Plaza del Congreso, se formaron detrás de Mamá Cultiva, para ubicarse frente al escenario montado en la vereda del palacio legislativo.

Esta marcha es atípica dentro de la historia del reclamo en la Argentina. Se ve por primera vez una división en la concepción de la protesta: por las libertades individuales, sostienen varios de los jóvenes consultados por este diario. “Por las libertades que se consiguen solo cuando se entiende que éstas son cuestiones colectivas”, acierta Ornella Infante, la funcionaria del Instituto Nacional contra la Discriminación (Inadi), quien cerraría el evento con su discurso luego de la presentación de Karamelo Santo.

Esa reflexión se replicaría en muchas de las voces que hablaron desde el palco. La concepción colectiva le daba al reclamo una nueva perspectiva: “plural y transfeminista”, explica Marani a Página/12, cuando desde el escenario comienzan los discursos. “Unas gotitas de aceite de cannabis para la policia de CABA, que están muy violentos”, se escucha. La gente ríe. La Asociación de Agricultores Cannábicos suma así su pedido hacia una construcción colectiva de la problemática: “No queremos más presos por cultivar, tampoco queremos más Lucas González. Ni otro Luciano Arruga”.

Ente los organizadores se hizo visible la participación de Mamá se Planta, de Acción Cannábica, y de la Red Feminista Cannábica, entre los grupos que trabajan por despenalizar del cultivo. Organizaciones sociales y políticas, entre ellas el Movimiento Evita y el Frente de Izquierda, sumaban su presencia: Nicolás del Caño y la diputada Ayelén Espósito –del Frente de Todos– quienes impulsan proyectos integrales en el Congreso.

Silvia Horne, diputada mandato cumplido –también del Evita– explica: “Hay una agenda que está en la calle y se busca institucionalizar el desarrollo de una producción nacional, no solo para el uso medicinal, sino para que deje valor agregado en nuestra industria farmacéutica y de producción y en nuestros espacios de ciencia y técnica, como el INTA Patagonia Norte que tiene ya proyectos en desarrollo”.

Los jóvenes que participan del acto vienen de distintos lugares: Nicolás vino de Ituzaingó, con Martina. “Nos encontramos con la marcha y nos sumamos, porque la ley establece un sistema punitivo cuando debería facilitar el acceso y despenalizar”, explica él, estudiante de Relaciones Internacionales. Martina trabaja en un geriátrico y en una panadería. Están al tanto los usos del cáñamo “que puede transformarse en tela o en plástico, ya lo proponía Belgrano como una producción industrial”, acierta el joven.

Adrián vino de Monte Grande “para marchar por la ley de autocultivo, por mi hijo –explica–, que tiene epilepsia y desde que toma aceite está mucho mejor”. A su lado, Moria levanta dos pancartas: su mamá y su hermanos están presos por plantar. Otra mujer llora. “Acá vemos un festejo porque se puede reclamar y nos podemos juntar, públicamente, para hacerlo, pero hay muchas historias trágicas detrás de cada caso” , amenta Gustavo, quien saca fotos para una revista especializada.

Son las seis y media cuando desde el escenario se escucha a Carolina Cáceres, delegada de la Asociación de Licenciadas en Enfermería. El 24 de noviembre es el Día de la Enfermería, y ella fue invitada a hablar, antes de que su columna, en reclamo por mejoras laborales, comenzara su marcha a Plaza de Mayo.