“Cuando dije que era de los organismos de derechos humanos me empiezan a pegar”

 

Estuvo detenido e incomunicado tres días en Alto Comedero tras la represión de Gerardo Morales. Le volaron los anteojos de una patada. El maltrato continuó en la prisión con policías tapados con barbijos para no ser identificados. Quedó encausado. Aquí habla de la “paz de cementerio” que busca el gobernador para la provincia y el país. “Pero estamos listos para resistirlo”, dice Mendoza a Página12.

Por Ailín Bullentini

A Néstor Carlos Mendoza no le sorprendió la represión ordenada por el gobernador de Jujuy Gerardo Morales que lo mantuvo a él y a otras decenas de personas, encarcelado e incomunicado durante tres días, y ahora lo investiga por atentado a la autoridad, daños, daños agravados, estragos, estorbo funcional y resistencia a la autoridad. “Ya nos tiene acostumbrados a criminalizar la protesta, estigmatizar a las organizaciones sociales y a las y los dirigentes. Busca una paz burguesa, una paz de cementerio en la que nadie dice nada”, evaluó “Pipo”, trabajador del área del Sedronar, colaborador del Comité Nacional contra la Tortura y referente de la regional jujeña de H.I.J.O.S. que el pasado martes fue golpeado y detenido por la policía provincial. En esta entrevista con Página/12 repasa aquel mediodía, narra los tres días de encierro en el penal de Alto Comedero y saca conclusiones: “Morales dijo que con mano dura había conseguido la paz. Y es lo que va a aplicar en todo el país si gana su fórmula. Pero estamos listos para resistirlo”.

El martes a la mañana, Mendoza y el resto de les militantes de la regional jujeña de H.I.J.O.S. habían acudido a la manifestación en las inmediaciones de la Legislatura, en San Salvador de Jujuy. Él y una de sus compañeras de la agrupación, Eva Arroyo, habían estado el sábado y el domingo en la puerta de la Unidad Penal número 7 de la capital, ubicado en el barrio de Alto Comedero, atentos a la situación de les detenides durante la represión sobre los piquetes en Purmamarca, el sábado.

— ¿Por qué decidieron ir a la marcha?

— Desde H.I.J.O.S. nos sumamos a la columna de Adiunju, que es el gremio de docentes universitarios. Éramos una columna de unas 200 personas. El objetivo era estar en la calle, sabíamos que iba a haber una sesión exprés en la que iba a rectificar algunos artículos de la reforma constitucional que había prometido tras los episodios del sábado. Pero nadie se imaginó que iba a hacer la jura, ese día, un feriado, en medio de las protestas. Nosotros, la gente, nos enteramos todos ahí, en la calle. Se caldeó el ambiente. Cuando empezó la represión, nosotros nos estábamos replegando en una playa de estacionamiento ubicada en la calle 19 de abril–a unas cuatro cuadras de la Legislatura– porque venían piedrazos por parte de la Policía. Era una lluvia constante de piedras, no podíamos avanzar. Los manifestantes se habían dispersado. Nos refugiamos atrás de una trafic y es ahí que aparece la primera tanda de policías que nos insulta y pasa. Y luego aparece otra tanda, que es la que nos detiene”, resume el militante, más tranquilo, desde su casa.

— ¿Cómo sucedió esa detención?

— Uno de los policías me ordena que me tire al piso. Levanto la mano y digo que soy de organismos de derechos humanos, que participo del Comité Nacional de Prevención contra la Tortura y es ahí donde me empiezan a pegar. De una patada en la nariz me vuelan los anteojos, que jamás recuperé. Conté tres personas pateándome. Entonces Eva se me tira encima con la credencial de H.I.J.O.S. en la mano, para evitar que me sigan pegando. Ahí, a mi compañera Ana –Uro Arroyo, la hija de Eva– y a Carolina –Luna– las esposan a las tres. A Ana la agreden, le tiran una botella de agua en la cara, la insultan a los gritos, le ordenan que no la miren. Nos llevan a la Legislatura. Yo en todo el camino decía que era de organismos de derechos humanos, me respondían que dónde estaban sus derechos, bien un discurso de la derecha conservadora. Me pegan.

A los golpes llegaron a la Legislatura, cuyo hall se convirtió en un punto en donde la Policía concentró a las y los detenidos. Allí se cruzaron con el secretario de Seguridad de la provincia, Diego Rotela, que los conocía. “Sabe que somos de H.I.J.O.S. Se lo recordamos y nos respondió: ‘qué me importa'”, recordó.

Los días en la prisión

Arroyo y Mendoza insistieron para que le sacaran las esposas a una señora que tenía unos 70 años y lloraba del dolor. Al cabo de una hora, les trasladaron en trafic a la cárcel de Alto Comedero, en donde fueron divididos entre varones y mujeres. A los varones los alojaron en una celda “improvisada” y compartida. Cinco horas después tuvo el primer contacto con alguien de afuera. Tres horas más tarde pudieron dialogar con la abogada de H.I.J.O.S. y recién entonces con su mamá, que hizo vigilia en la puerta del penal. “Pipo” pasó, como casi todos los detenidos, dos noches y tres días en el penal.

— Nos hicieron las identificaciones correspondientes, nos quisieron pintar los dedos como si ya hubiésemos estado detenidos por delitos comunes. No me puede comunicar con nadie de mi familia. No supe nada acerca de la razón formal de por qué me tenían encerrado. El clima era tenso pues detenidos y aislados como estábamos seguíamos viendo a policías sin identificar, con la cara tapada con barbijos. 48 horas después todavía no había expediente sobre mi detención.

— ¿Qué podés contar de los días en el penal?

— Fueron bastante angustiantes. No sabíamos de qué se nos acusaban, cuánto nos iban a tener encerrados. Había rumores acerca de lo que sucedía afuera, que estaban allanando casas, que estaban trayendo más gente. Un clima totalmente de tensión constante. Con otro chico pudimos hacer un grupo de contención, tranquilizar al resto, y esperar. Nunca había pasado por esto. Conocía de la situación por relato de otros, pero vivirlo en carne propia es muy diferente. Y había gente que estaba muy nerviosa. Un chico, por ejemplo, que había sido detenido con su mamá, que tenía una operación de intestino y él no sabía como estaba, estaba bastante nervioso. Había otro pibe a quien habían detenido con su novia mientras andaban en bicicleta por la Ciudad Cultural, lejos de la zona de la represión, justo en el momento en que Gerardo Morales tenía que ir para ahí. La novia tenía un tratamiento por cáncer. Otro hombre al que habían detenido volviendo del trabajo, que nada que ver con la manifestación, ni siquiera estaba de acuerdo con la manifestación. Mucha incertidumbre. 48 horas sin saber cuándo íbamos a salir. Muchos de nosotros no teníamos si quiera un antecedente de nada.

— ¿Hubo provocaciones por parte de los guardias?

— Sí. Tiraban comentarios tipo ‘estos piqueteros… estamos hartos de los derechos humanos, tengo las bolas llenas de que vengan los organismos’… todo el tiempo buscaban con eso episodios de provocación. Yo sentía que en algún momento me iba a tocar a mí porque me conocían por las visitas a los presos de Purmamarca. Había permanente búsqueda de roce para provocar. Tratamos de mantenernos porque no queríamos dar letra de que éramos revoltosos, que es lo que nos dijeron que decía el gobernador. Si éramos totalmente inocentes. Los que participamos de la marcha nos manifestamos pacíficamente como veníamos haciendo todos estos días. No teníamos por qué tener miedo.

— Ya recuperaron la libertad, pero queda ahora la pelea judicial.

— Al salir y encontrarme con mis compañeras y ver la enorme cantidad de gente que estuvo esperando por nosotros en la puerta del penal fue emocionante. Lo que viene ahora será una batalla judicial en la que nos van a querer buscar la culpa de algo que no hicimos. Por ahora tuvimos una audiencia en donde se nos informó las causas en las que estamos imputados.

— ¿Qué conclusión saca de lo ocurrido?

— Morales ya nos tiene acostumbrados a esto. Como siempre, esta vez también buscó criminalizar la protesta, estigmatizar a las organizaciones sociales y a las y los dirigentes. Busca desarticular a las organizaciones, a la lucha. Busca una paz burguesa, una paz de cementerio en la que nadie dice nada. Pero está logrando todo lo contrario, muchas partes de la sociedad se están uniendo, hermanando. Lo que reclamamos no era injusto, lo que queremos es una democracia plena, no esta falsa democracia clasista que silencia a los pueblos originarios y a las organizaciones. Morales cometió un error político en reprimir y encerrarnos. No somos delincuentes. El año pasado hubo hostigamiento a H.I.J.O.S. por lo que pasó con la demolición del sitio de memoria del Cabildo, hostigamiento público de parte de funcionarios y del propio Morales. Nos acusaba de trabar obras cuando en realidad él había destrozado un sitio de memoria, violando una ley.

— ¿Cree que la represión fue una promesa de campaña de Morales y de JxC?

— No lo tengo que creer. Ni siquiera hay que leerlo entre líneas: lo dijo él claramente en su spot. Dijo que con mano dura había conseguido la paz. Y es lo que va a aplicar en todo el país si gana su fórmula. Pero estamos listos para resistirlo. Un montón de organizaciones sociales sabemos que somos incómodos. Y estamos acostumbrados a este tipo de reacciones. Transitamos muchos juicios de lesa humanidad en los que las condenas no fueron las esperadas y seguimos luchando. Seguimos pidiendo justicia, a pesar de todo. (El empresario Carlos) Blaquier murió sin pasar por un juicio y eso puede leerse como una derrota, pero la verdad es que murió condenado socialmente y eso nos valió para seguir reclamando avanzar sobre el sector civil de la dictadura. Siempre salimos fortalecidos de estas situaciones.

Fuente: Página /12 – 26 de junio de 2023

By omalarc

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