Ni bien Mauricio Macri convocó a sesiones extraordinarias y envió su reforma de Ganancias al Congreso, uno de los gobernadores peronistas que más frecuenta a Rogelio Frigerio llamó a sus diputados con una instrucción clara: “Tiene que fracasar”.

Su ecuación era simple. En su provincia casi nadie paga el impuesto a las Ganancias pero sus arcas se verían afectadas si la recaudación bajaba, porque la mitad de ese impuesto es coparticipable.

El proyecto de Cambiemos preveía 27 mil millones pesos menos de recaudación por la reforma, y según el Gobierno el de Massa agregaba a ese monto un rojo de otros 7 mil millones para las provincias.

El gobernador no salía de su asombro, Macri había convocado sin que nadie se lo pida a extraordinarias para tratar la reforma de Ganancias y ahora le pedía ayuda para que no se sancione.
Los días pasaron, la negociación con Massa no se producía y cuando llegó la mañana de la sesión el tigrense gestó un acuerdo con todo el arco peronista.

El gobernador, que también bloqueó la reforma política en el Senado pero ayudó a sancionar el pago a los holdout y el presupuesto, cambió de planes.

“Hagan lo que quieran. Vamos a perder plata igual, quedo pegado a Macri y me enfrento a una campaña de Massa que va a decir que votamos contra los trabajadores”, le planteó a sus diputados, que -además- no querían votar con el Gobierno.

El gobernador no salía de su asombro: Macri había enviado el proyecto de Ganancias en extraordinarias sin acuerdo con la oposición y sin que nadie se lo pida y ahora que la oposición se había unido, el Gobierno le pedía que evitara su sanción. Perder nunca es tentador.

La misma cuenta hicieron la mayoría de sus colegas cuando les llegó el borrador escrito por Marco Lavagna, Diego Bossio y Axel Kicillof.

Sus pronósticos eran que resignarían casi la misma cantidad de dinero que preveía el proyecto de Macri, pero quedarían generosos con los trabajadores.

La unidad opositora, además, incomodó a muchos gobernadores que habían logrado disciplinar a sus diputados en ciertos momentos, como le entrerriano Gustavo Bordet.

Reunido con Marcos Peña, el entrerriano llamó a Carolina Gaillard y Lautaro Gervasoni para que se fueran de la sesión. Ambos lo habían obedecido cuando les pidió votar a favor el presupuesto, a diferencia de Juio Solanas, Juan Manuel Huss y Hugo Barreto.

Gaillard le dijo a Héctor Recalde que debía volver a su provincia, pero la reacción de su jefe de bloque logró hacerla cambiar de idea. Con Massa y Bossio plantados en frente, no era fácil quedar junto al Gobierno sin costo político.
Héctor Recalde y Graciela Camaño en la sesión por Ganancias.
Temprano, Juan Pedrini, cercano a Jorge Capitanich, envió un comunicado para dejar claro que el gobernador Domingo Peppo no iba a presionarlo. Votaba con la oposición.

Dilemas así se sucedieron durante toda la jornada y fueron alterando a Peña, quien creía poder torcer la votación con promesas de coparticipación anticipada. Claro que como es habitual en estos casos, los gobernadores jugaban a dos puntas.

Como Miguel Lifschitz, el socialista santafesino, quien garantizó la abstención de dos diputados de su provincia, mientras la tercera, Alicia Ciciliani, participaba de la conferencia opositora.

El ex intendente de Rosario siempre quiso mantener su perfil opositor y había llegado a cruzarse con Ciciliani a comienzos de año, cuando no la veía muy confrontativa. Esta vez se entendieron a la perfección.

Sergio Uñac, de San Juan, logró que Alberto Tovares votara en contra, pero José Luis Gioja sólo se opuso al artículo que restituía las retenciones mineras. Los dos riojanos (Teresa Madera y Luis Beder Herrera) sí aceptaron rechazar todo el proyecto.

La estrategia del Gobierno empezaba a desmoronarse. Habían mandado a Alfonso Prat Gay y Alberto Abad al Congreso a romper la negociación con Massa, mientras dejaban que pasen los días para presionar a los gobernadores sobre el filo. La idea inicial era sacar su proyecto y además demostrar que podían hacerlo derrotando a Massa.

Confiados, en la Rosada permitieron que Frigerio viajara a China en el punto crítico de las negociaciones y apartaron a Emilio Monzó de toda conversación importante. Se libró una interna al interior de la coalición oficialista. Algunas fuentes consultadas por LPO, apuntan a que Marcos Peña se puso al comando de la estrategia y buscó demostrar que podía conseguir un triunfo sin la sociedad parlamentaria con Massa. Eso lo consagraría como nexo con el Congreso y acaso se buscara escarmentar al díscolo Monzó.
La peronista Teresa García fue clave para que la oposición consiguiera los votos.
Graciela Camaño y Teresa García frustraron ese sueño. Mientras desde la Rosada llamaban a los gobernadores, esta dupla muy fogueada en peleas políticas llevaron a sus bloques al recinto y adelantaron la votación.

En la hora crítica el Gobierno ordenó que se anotaran todos los oradores posibles para ganar tiempo: Le hicieron caso y la lista llegó al extravagante números de 127 oradores. Eso les daba tiempo para aumentar la presión sobre los gobernadores y así lograr que levantaran algunos diputados y la sesión se cayera. Pero las peronistas advirtieron la jugada y cortaron la lista de oradores, por eso estalló la oficialista Silvia Lospenatto: En ese momento el Gobierno supo que la pelea estaba perdida.

“Marcos Peña tiene que entender que la política argentina no es tan básica. Los legisladores necesitan su diálogo. Y los gobernadores no pueden ser socios de desgracias. Urtubey pagó el costo este año”, interpretaban los más experimentados del bloque kirchnerista, nuevamente en el centro de la escena.

La pelea que viene

Ahora la pelea es el Senado y no se presenta fácil para el Gobierno. Este jueves, el jefe de Gabinete logró el respaldo de tres gobernadores que casi no tienen senadores para aportar, como Uñac (Ruperto Godoy se declara kirchnerista, Marina Riofrío responde a Gioja), el rionegrino Alberto Weretilneck y otra vez Lifschitz. Los socialistas no tienen senadores nacionales desde diciembre.

Se espera una aparición de Gerardo Zamora, senador y jefe de su esposa y gobernadora Claudia Ledesma. Sus seis diputados votaron contra el Gobierno por primera vez y sus 3 votos en el Senado serán importantes.

Peña logró también que Urtubey pida “responsabilidad”. Es un juego cínico: sus 3 diputados votaron con la oposición y uno de ellos, Pablo Kosiner, escribió parte del dictamen.

Fuente: La Politica Online