El obispo Angelelli, fue  asesinado por la dictadura militar y el Vaticano reconoció su martirio, y el de los sacerdotes Murias y Longueville y el del laico Pedernera, asesinados en La Rioja en 1976.

La Iglesia católica en el país cuenta desde este viernes oficialmente con los primeros cuatro mártires producto de la cruel represión de la última dictadura. El papa Francisco firmó el decreto que reconoce el martirio del obispo Enrique Angelelli, los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera, asesinados en La Rioja en 1976.

La decisión del pontífice –tras años de estudio de estos casos en la Iglesia de La Rioja y el Vaticano- implica que todos ellos serán declarados beatos –el peldaño anterior a santo- en los próximos meses, durante una solemne ceremonia en la provincia.

La decisión fue comunicada por el propio Francisco, vía telefónica, el obispo (aún en funciones) Marcelo Colombo,que promovió el proceso de beatificación de Angelelli, que se inició en 2014, y de los dos curas, que comenzó en 2011.

En 2014, la Justicia –tras la reapertura de la causa en 2010- había determinado que la muerte de Angelelli fue un homicidio y condenado al ex general Luciano Benjamín Menéndez y al ex comodoro Luis Fernando Estrella, por considerarlos autores mediatos.

 

“El Santo Padre me avisó por teléfono que había firmado el decreto un ratito antes”, le contó a Clarín monseñor Colombo.

Agregó que el Papa “estaba muy feliz de haberlo hecho y me lo quería comunicar formalmente. Fue –destacó- un gesto extraordinario de su paternidad para con la Iglesia riojana”.

Ahora la Provincia comenzará con los preparativos para la ceremonia de beatificación, y aunque aún no hay fecha concreta, será antes de fin de año. Este tipo de ceremonias son presididas por el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos del Vaticano.

MUERTE Y MARTIRIO DE ANGELELLI
Monseñor Angelelli murió el 4 de agosto de 1976 en el paraje riojano de Punta de los Llanos, en un hecho que fue presentado inicialmente como un accidente automovilístico (un auto lo cerró, el coche volcó, el prelado quedó inconsciente y recibió un mazazo en la cabeza). Angelelli regresaba a la capital de la provincia junto a su secretario, el padre Arturo Pinto -que también quedó inconsciente-, luego de participar de un homenaje a los curas Murias y Longueville, portando tres carpetas con información que comprometía a   jefes militares con la represión ilegal, y que no fueron halladas en el lugar.

Días antes, más precisamente la noche del 18 de julio, unos desconocidos que decían ser de la Policía Federal se presentaron en la casa de unas religiosas en la localidad riojana de Chamical, donde estaban cenando los curas Murias y Longueville. Les pidieron a estos que los acompañaran a la ciudad de La Rioja con el pretexto de declarar sobre unos detenidos en Chamical. Pero fueron llevados a la base aérea local, donde los torturaron y finalmente, los llevaron a las afueras, donde los acribillaron. Sus cuerpos fueron hallados tres días después junto a unas vías por unos obreros.

Poco después, en la madrugada del 25 de julio, cuatro encapuchados golpearon la puerta de la casa de Pedernera, un campesino que había cursado hasta tercer grado y desempeñado como trabajador golondrina, organizador del movimiento rural católico y colaborador de Angelelli. Al abrir, recibió cuatro tiros delante de su esposa Coca y sus tres hijas: María Rosa, Susana y Estela, muriendo en el acto.

Al cumplirse 30 años de su muerte, el entonces presidente de la Conferencia Episcopal, cardenal Jorge Bergoglio, celebró una misa en la catedral de La Rioja en su memoria. En la homilía señaló que Angelelli recibía pedradas por predicar el Evangelio y derramó su sangre por ello. Y citando a Tertuliano dijo: “La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia”.

Fuente: Clarin