El escándalo es abrumador. Los verdaderos resultados del “acuerdo” firmado con el FMI, que en diferentes informes y medios denuncian los pocos economistas patriotas que quedan, son groseros, incluso ofensivos para la dignidad de un pueblo que ha sido abusado y súper explotado. Y que el 31 de diciembre de este año asistirá a la liquidación de los subsidios al Cine, la Música, el Teatro, las Radios y TV comunitarias, y a la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) que es quizás el mayor tesoro cultural de la Argentina desde que en 1870 la fundara el Presidente Sarmiento y de la que hoy dependen 3.000 bibliotecas a las que asisten millones de niños, adolescentes y adultos.

No será la primera vez que se ataque a la cultura nacional, pero sí, seguramente, ésta será la dinamita más cruel, insensata y cipaya desde que en 1919 el Presidente Yrigoyen estableció sus atribuciones y facultades y en 1947 el Presidente Perón triplicó su presupuesto para en 1954 llegar a 1600 bibliotecas con más de 5 millones de lectores.

 

“El desastre educativo que hemos sufrido en esta provincia es intangible, angustiante”, dijo a la prensa esta semana Marco Antonio Ramos, director de una escuela secundaria de Chubut, la Nº793, de Trelew. Tendrán que contratar maestras de primaria “porque hicimos un diagnóstico y los ingresantes a primer año no han sido alfabetizados totalmente”. En Matemáticas y en Lengua “tienen un nivel de cuarto grado de primaria”.

Pero no sólo en Chubut son alarmantes el pésimo nivel educativo y la deserción escolar. Y según otros informes periodísticos, en Neuquén hay 6.000 alumnos menos que antes de la pandemia. Y en Salta más de 8.000 abandonaron la secundaria a fines de 2021. Y un maestro de Río Bermejito, Chaco, dice que “es difícil retener chicos de entre 13 y 17 años por más esfuerzos que hagamos y nos ayude el Ministerio. Son expulsados del sistema por el hambre y la pobreza digital. Aquí casi nadie tiene acceso a internet”.

El festival cipayo al que asiste esta nación es obsceno: Miles de millones de dólares fueron estafados a un Estado lelo y a un pueblo mal informado. Y así y ahora la desvergüenza, la timba y el descontrol bancario hacen peligrar la paz de la nación al amparo de economistas cretinos que, desde abstrusas sensibilidades ofídicas, no ven dos milímetros más allá de sus intereses y niegan el naufragio con retóricas hartantes, para justificar nada menos que el blanqueo de fondos fugados que ya se anunció para las próximas semanas.

Esta columna recibe noticias, informes, denuncias y comentarios desde todo el país y particularmente de las riberas del Paraná: de la Isla del Cerrito a Reconquista, de Santa Fe a Rosario, de Ramallo a Zárate. Y también de Ituzaingó, Corrientes y Empedrado; y también del patagónico Lago Escondido donde el pirata Lewis, macrista y usurpador, sigue absurdamente intocado. También llegan noticias alarmantes de explotaciones abusivas en Jujuy y en Salta, en Catamarca y La Rioja y en la bella y aromática Mendoza a la que van a hacer papilla. Y también de Chubut y Neuquén, y de la Tierra del Fuego, isla que espera que se haga el puerto que la una al continente de una vez y para siempre. Todo está guardado en la memoria, como canta León Gieco, y quien redacta esto se pregunta cómo es que en este país se silencia todo, y todo se oculta y se engaña, tanto a la pequeña sociedad paqueta como al tilinguerío y al pueblo que encima está con hambre. ¿Cómo es que con 30 millones de hambrientos, la devastación educativa en marcha y la cultural que se nos viene encima como un tsunami, no hay más resistencia que inútiles ladridos a la luna como estos?

Se sabe: generar impotencia es también un modo de destruir. Es así como proceden cipayos y traidores. Casi no tenemos medios, la telebasura es infame y en el interior del país se repiten todas las mentiras mientras agonizan. Y los gobiernos, chitón. Y los portales y las dizque “redes sociales”, como en todo el mundo, repiten las mentiras.

En este contexto, la Argentina acaba de contraer otro endeudamiento –más feroz que ninguno antes y basado en la colosal farsa de que “acordar” era la única opción– y no parece darse cuenta del ajuste y la pobreza, y menos de la pérdida de soberanía en todos los órdenes ya que el Fondo es, hoy, un cogobierno y con más poder que el formal de un Presidente.

Así se ha impuesto lo que Horacio Rovelli bien ha llamado “lógica económica del acuerdo”. Desde ella se exculpa y protege a Alí Babá Mauri y sus 40 ladrones. Y desde ella se aprobó el plan de pagos que impuso el Fondo para que se paguen los intereses con ahorro argentino mientras el capital se renueva con otro préstamo a 10 años de plazo.

La inflación y la transferencia de ingresos ya afecta a trabajadores, jubilados y pensionados. Y la industria, el comercio y la construcción ya están en pleno ajuste fiscal. Lo único “bueno” que garantiza el acuerdo –valga la ironía– es que la mayoría de jubilados y pensionados van a cobrar, hasta 2034, la miseria que cobran ahora y aún menos. Y a los asalariados les va a costar más conseguir empleo y cada vez de menor poder adquisitivo porque no hay coraje para aplicar la Ley de Abastecimiento. Y menos para acabar de una vez con la Ley de Entidades Financieras. Así, al aumentar los precios todo ingreso seguirá perdiendo capacidad adquisitiva. En la Administración Nacional lo más importante, que es el pago previsional, ya se llevó el 43% del presupuesto del año 2021 para 7.100.000 beneficiarios, la mitad de los cuales cobra la mínima. Pero 612 jueces perciben más de un millón de pesos mensuales de jubilación cada uno.

Igual sucede con los salarios, que se deterioran por la inflación en beneficio de las grandes empresas remarcadoras de precios. La perspectiva es negra más allá de la esforzada retórica del gabinete presidencial. Que parece no advertir que el vero resultado del “acuerdo” es que se quedarán con todos nuestros recursos naturales.

Esto ya empezó y será cada vez peor. Las “metas acordadas” con el Fondo son de imposible cumplimiento. Se van a quedar con todas las riquezas hidrocarburíferas y mineras de este país. Y el pueblo argentino seguirá viviendo el engaño del monto de las exportaciones, que en realidad no son “comercio exterior argentino” sino “comercio exterior de una veintena de empresas que hacen lo que quieren y sin pagar impuestos ni retenciones”.

Si la hiperinflación de 1989 y 90 forzó las pésimas ventas de empresas públicas como YPF, SOMISA, ELMA, SEGBA, los FFCC y Aerolíneas Argentinas, bien dice Rovelli que “ahora vienen por el litio y los minerales raros de nuestra puna, del gas que quieren sacar en la costa marplatense a 6.000 metros bajo el mar; del petróleo de San Carlos en Mendoza; del hierro y la plata de la meseta de Chubut; del oro y el cobre de Famatina y Agua Rica y todo aunque sus pueblos con justa razón se oponen”. Y seguirán degradando nuestro suelo y nuestras aguas con cultivos transgénicos, tala de bosques e incendio de campos.

Quien no ve todo esto, es ciego. Como quienes no ven la súper explotación del Río Paraná, cuya pérdida de Soberanía es paralela a la de las Malvinas. Y de toda la costa patagónica y las islas del Atlántico Sur.