El nuevo arzobispo de Mendoza no ha dudado en levantar su voz contra el aborto, la minería y hasta Macri. Qué dice del Próvolo y del Papa.

“Cuando se debate sobre la vida y la posibilidad de interrumpirla, los cristianos insistimos en defenderla, cuidarla y sostenerla desde la concepción en el vientre materno hasta la muerte natural. Cada vida, toda vida, todas las vidas, son sagradas”, dijo Marcelo Colombo el 27 de marzo pasado, en su homilía de Pascuas como obispo de La Rioja. Dos meses después es el flamante arzobispo de Mendoza, designado por el Papa Francisco.

El religioso, que llegaría a la provincia en julio, está acostumbrado a hacer oír su voz cada vez que siente que debe defender una causa -como el no al aborto o el rechazo a la megaminería- “desde la sensibilidad del pastor”, como le confesó a Los Andes en esta entrevista exclusiva.

-Cómo se enteró del nombramiento?

-Me llamaron de la Nunciatura en nombre del Santo Padre.

-¿Y cómo lo tomó?

-Con mucha sorpresa y mucha emoción porque me tuvo en consideración para una responsabilidad tan grande. También con cierta tristeza por lo que estoy haciendo en La Rioja y el cariño que le tengo a la comunidad local.

-¿Qué sabe de Mendoza?

-La verdad que muy poquito, nosotros nos hacemos más en el lugar cuando llegamos. Es distinto por ejemplo a los sacerdotes de congregaciones que tienen más referencias locales. La última vez que estuve fue en diciembre en la ordenación del obispo Marcelo (Mazzitelli), pero no conozco mucho más.

-Usted además de sacerdote es abogado, ¿qué le aporta esta especialización a su vocación religiosa?

-Yo empecé a estudiar derecho antes de entrar al seminario. Debo decir que el derecho me llevó con muchos frutos a lo religioso, lo vocacional.

Trabajé en la parte del derecho laboral en Buenos Aires en los años ’80, el derecho me permitió conocer una Iglesia muy comprometida con los más pobres. Yo ya venía con una gran sensibilidad, había hecho en el medio el servicio militar, era un joven que había hecho opciones grandes en la vida.

Hoy es una satisfacción poder cultivar ese sentido hondo de justicia que tiene el derecho.

-¿Qué vino primero, el derecho o el sacerdocio?

-El sacerdocio siempre estuvo desde chico, yo estudié en un colegio salesiano en Buenos Aires. Y aunque después quise estudiar en la universidad para estar más seguro, al final Dios venció.

-Usted va a suceder a un arzobispo como Franzini, que tuvo un perfil bajo muy diferente al suyo, que no duda en salir a plantear su opinión públicamente…

– Yo valoro mucho la personalidad de Carlos maría Franzini, a quien tuve la oportunidad de frecuentar cuando fui obispo de Orán y después de La Rioja. Era un hombre de una calidad única. Otros tenemos algunos matices fruto de los compromisos que fuimos tomando a lo largo de la vida. En Orán, del 2009 al 2013 teníamos que acompañar el tema de los pueblos originarios y sus tierras, o el tráfico de mercaderías por la frontera, los desmontes… Temas que requerían una presencia nuestra. En La Rioja también me tocó acompañar procesos sociales y ha sido un tiempo muy hermoso impulsando la causa de monseñor Angelelli, asesinado en 1976, cuya causa de beatificación está siendo tramitada ante la Santa Sede.

Siempre fui acompañando la realidad que me iba haciendo propuestas y como sacerdote trato de estar con los más frágiles, los más pobres. No desde una ideología, no desde una demagogia, sino desde la sensibilidad del pastor.

-Se lo nota particularmente sensible con los temas ambientales…

-En La Rioja acompañé mucho lo que ha sido el reclamo de Famatina contra la explotación minera aurífera. Ahí la misión fue acompañar el reclamo de la gente por el cuidado del agua y hacer llegar a la autoridad pública ese deseo de que no se malograra la única fuente de agua que tiene esa región.

-Aquí en Mendoza está muy discutido ahora el fracking petrolero…

-Tendría que conocer, me resulta imprudente expresarme sobre una realidad que desconozco.

Sí puedo decir que cuidar la vida, cuidar el ambiente, cuidar la casa común, es hoy una parte imprescindible del magisterio de la Iglesia.
El Papa y Macri
-¿Cómo es su relación con el Papa, a quien acompañó a Perú en su reciente visita en enero?
-Lo conocí más a partir de mi designación como obispo de Orán. Mi relación más fluida empezó como parte del mismo cuerpo episcopal, no he tenido antes un vínculo especial.

-Y qué descubrió de él en ese viaje?

-No teníamos una cercanía física permanente, solo los momentos celebrativos generales. Pero me gustó mucho el encuentro con las comunidades aborígenes de la Amazonia. Y después en Trujillo cuando en un encuentro interno con religiosos y seminaristas el Papa alentó el diálogo intergeneracional, que en la Iglesia es muy importante.

-¿Fue en la misma línea del famoso «hagan lío»?

-Puede ser. Usted sabe que cuando fue ese mensaje en Rio de Janeiro yo estaba en La Rioja y unos meses después me tocó acompañar a los jóvenes en la toma pacífica de la universidad, que derivó en la sustitución de un rector que llevaba muchos años en su mandato. Los jóvenes se movilizaron bajo esa consigna y fue ejemplar, una necesidad de renovación y de asumir un estilo de universidad participativa, inclusiva.

Creo que el Papa disparó con esa expresión procesos interesantísimos en el mundo juvenil.

-¿Se imagina bajando un mensaje similar a los jóvenes en Mendoza?

-Yo me siento interpelado por el magisterio de este Papa y también por esta invitación a ser una Iglesia de salida, misionera, que se anime a testimoniar a un Jesús que quiere estar cerca de los más pobres.

-Cómo interpreta el mensaje que Francisco le mandó al presidente Macri (el jueves) pidiendo por una sociedad «mas justa y solidaria»?

-Es parte de la invitación del Papa al diálogo con los sectores más desprotegidos en su apelación a los gobiernos en general.

-¿Cómo ve al actual gobierno nacional?

-A mí me gusta respetar las investiduras, los ungidos por el voto popular merecen todo el respeto de los ciudadanos, y yo soy un ciudadano más.

Claramente cuando tengo que expresarme sobre temas sociales lo hago desde lo que me toca vivir: cuando la reforma previsional en diciembre, invitábamos a considerar este tipo de medidas para no tocar a los sectores más pobres. Últimamente están las consecuencias de estas corridas cambiarias en los bolsillos de los consumidores, que muchos son pobres y apenas llegan con sus salarios. En general hablo desde lo concreto con el máximo respeto para proponer a los gobiernos este arte de escuchar y poder dejarse interpelar por la realidad.

En ese sentido, cuando hay decisiones de conjunto tan fuerte, siempre hay que conseguir consensos, no tomar decisiones unilaterales por más que haya mayorías parlamentarias.

El Estado y la Iglesia

-Hace poco volvió el debate sobre si el Estado debe seguir financiando a la Iglesia Católica. Hasta un obispo, Sergio Buenanueva, admitió que hay que discutirlo. ¿Cuál es su posición?

-Se habló en ese momento de los «sueldos» de los obispos y recuerdo que Buenanueva lo aclaró. Le digo la realidad de los obispados del interior, que son muy pobres: yo ese dinero no lo veo, entra en el obispado para los pagos de las actividades y cumplir diversas necesidades. De manera que es un aporte a las iglesias.

Pero claramente es un tema que merece una discusión y la Conferencia Episcopal está avanzando en eso.

-¿No tienen derecho otros cultos a reclamar el mismo aporte estatal?

-Me imagino que alguna solución en esa línea habrá que pensar, hasta ahora se trabajó mucho sobre el estatuto jurídico de la Iglesia Católica que en la Argentina es persona jurídica de derecho público. De todos modos creo que sí, que merece una mirada más completa y tener en cuenta estas dimensiones sociales de los cultos que no están pensados como lugares de espiritualidad intimista sino como una mirada de la sociedad solidaria, de misión, y deben ser ayudados por el Estado.

-¿Qué mensaje quiere dejarle a los fieles mendocinos antes de venir?

-Mi deseo de servirlos, de ser digno de Jesús buen pastor. Y de trabajar con ustedes para transformarnos en una sociedad más digna, más justa, más fraterna.
El caso Próvolo
-El caso Próvolo dejó «esquirlas» en el Arzobispado de la provincia, sobre todo por la falta de reacción apenas se conocieron las denuncias de abusos. ¿Qué piensa hacer cuando llegue y le reclamen esto?

-La verdad, conozco del caso todo lo que conoce la opinión pública en general. Cuando llegue allí me voy a interiorizar más. Sé que es un tema que duele profundamente y la Iglesia se debe comprometer profundamente con acercarse y colaborar con la verdad.

En ese sentido creo que el criterio del Papa es muy claro: los gestos últimos de este tiempo nos muestran un compromiso para que la Iglesia sea signo de esa verdad.

-¿Cómo se evitan nuevos casos Próvolo?

-Hay que plantearse dentro de la Iglesia el respeto de los derechos de los niños, de los pobres, de los frágiles, los discapacitados. Y en ese sentido, tomar todas las cautelas. El Arzobispado, monseñor Franzini, nos presentó (a la Conferencia Episcopal) hace unos meses una especie de protocolo, un compromiso de actuación de los que son referentes de la Iglesia en materia de niños y jóvenes. Son medidas de tipo tutelares, protectorias. También hay que desarrollar una particular sensibilidad de respeto, de cuidado de la vida de los demás.

Fuente: losandes.com.ar