Visibilizó lo que siempre fue, más o menos solapado o maquillado: un fascista o neofascista.
Si en el inconsciente se construye la subjetividad, Longobardi es un sujeto golpista, odiador del pueblo, un antidemocrático.

El problema no empieza y termina en Longobardi y su odio de clase y racial, él representa a los que no salen a escena y se muestran republicanos, pero añoran y aman la dictadura.
Longobardi es el actor protagónico que aviva un clima destituyente y desestabilizador, con el latiguillo de la anti-política y el desprecio por la soberanía del pueblo.
Longobardi es un peligro, que trata de legitimar la lógica de la crueldad y el crimen.

El Representa la instigación y naturalización de la violencia planificada.

Un fiscal debe acusarlo y un juez procesarlo porque vienen con él, otrxs por la Constitución, por la Democracia y por la Patria.

Y tiene que saber Longobardi y los que se hacen los “rulos”, con sus dichos, socios mediáticos, judiciales, empresariales y de Juntos por el Cambio, que el pueblo argentino ha dicho para siempre: NUNCA MAS que es NUNCA MAS.

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