Ley 13.010 del voto femenino (conocida como Ley Evita) el principal derecho adquirido de las mujeres en la política, se sancionó un 23 de septiembre de 1947 que reconoció el derecho de todas las mujeres mayores de 18 años a votar y a ser elegidas para todos los cargos políticos nacionales, reconoció la igual de derechos políticos entre varones y mujeres. Llegar hasta allí requirió de muchas decadas de lucha y reclamos, de varias mujeres como Alicia Moreau de Justo, Julieta Lanteri, Elvira Rawson y por supuesto la impulsora de la ley Eva Duarte de Perón. Sin duda es un hito en la historia argentina y un símbolo en la ampliación de los derechos de las mujeres. Por eso en nuestro país se conmemora el 23 de septiembre el Día Nacional de los Derechos Políticos de la Mujer.

Ley 27.412 de paridad de género en ámbitos de representación política, se sancionó el 23 de noviembre de 2017 que estipula que las listas legislativas deben contener un 50% de candidatas mujeres de forma intercalada con los candidatos varones. La ley también avanza en la conformación de las listas de candidatos para autoridades partidarias, ampliando el acceso de las mujeres a los espacios de toma de decisión sobre la conformación de las listas de candidatos. Esta Ley representa un gran avance en materia de derechos adquiridos para las mujeres dentro del ámbito de la vida política, ya que materializa la lucha por la igualdad que se viene llevando a cabo hace muchos años en nuestro país. La igualdad de género, concebida como un derecho humano, tiene que ser promovida y garantizada a fin de construir una sociedad más justa e igualitaria.

Si bien se ha avanzado mucho y la política hoy cuenta con más de un ejemplo de líderes mujeres, que han accedido a altos cargos –de hecho la actual Vicepresidenta fue anteriormente Presidenta y algunos partidos políticos tienen por primera vez una Presidenta mujer- y detentan niveles de autoridad política muy alta, en general, el acceso y la participación de las mujeres en ámbitos institucionales de importancia evidencia que la igualdad de género en el acceso y ejercicio del poder aún no se ha logrado en el plano real.

No caben dudas de que la ley de paridad permitió un acceso y un aumento significativo de las mujeres en los ámbitos legislativos.

Las mujeres somos más del 51% de la población, de acuerdo al último Censo nacional. Si tenemos eso en cuenta y ponderamos todos los indicadores que vimos más arriba, la representación femenina es aún menor. Y no alcanza con el número de mujeres en tal o cual cargo, puesto, espacio. Hay que mirar arriba y debajo de la pirámide, y en todos los espacios de toma de decisiones de los distintos sectores sociales, así como comprobar que la participación numérica se traduce en acceso y promoción sustantiva de los derechos de las mujeres para estar seguros de que hemos conseguido alcanzar la igualdad de género real.

No es poco el camino recorrido y los logros alcanzados para potenciar la participación política de las mujeres. Pero todavía queda mucho por hacer. Y lo que queda por hacer lleva tiempo y requiere energía: romper barreras culturales, remover estereotipos de género para poder disputar y ocupar efectivamente espacios de poder real, elegir más libremente qué queremos estudiar, qué trayectoria queremos elegir, lograr que las tareas y responsabilidades de cuidado se distribuyan más equitativamente tanto al interior de las familias como entre todos los actores sociales.

El compromiso con la igualdad no debe limitarse a obtener una igualdad ante la ley. Debe abarcar a todas las instituciones sociales, la familia, el mercado y las políticas y, por sobre todo, pasar del discurso a los hechos