“Aspiro a que la gente conozca sin prejuicios los hechos que rodearon los crímenes de Angelelli, de los padres Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville y del dirigente laico Wenceslao Pedernera. Que advierta hasta qué extremo irracional puede llevar la intolerancia humana”
“La figura de Angelelli no escapa a una realidad muy presente en la Argentina y que hoy adoptó el nombre de grieta. El pueblo argentino aún no lo ha superado”
“Lamentablemente, en la Argentina cuesta encontrar una mirada más allá de la coyuntura local (…) Por eso en general se mide al Papa casi exclusivamente en función de los intereses y las mezquinas pequeñeces locales”

Mariano de Védia es un conocido periodista argentino del diario La Nación. Su especialidad es la Iglesia Católica. Nos interesamos por su libro “El mártir. Angelelli, el obispo silenciado por la dictadura”, editado por Sudamaericana. He aquí una breve reseña publicada en la página de Cassasa & Lorenzo libreros.

El 4 de agosto de 1976 el obispo de La Rioja Enrique Angelelli volvía de despedir los restos de dos sacerdotes asesinados en Chamical. A las tres de la tarde la camioneta que manejaba volcó en el kilómetro 1.056 de la ruta 38. Angelelli murió instantáneamente; la carpeta que llevaba consigo -con testimonios y documentación recién recogidos sobre el asesinato de sus colegas- desapareció, y la causa judicial se archivó rápidamente.

El poder nunca le había perdonado su vocación de compromiso social. Por eso, como demuestra el enorme caudal de información inédita reunida aquí por Mariano de Vedia, Angelelli se sabía condenado. A poco de instalada la dictadura de 1976, esa condena se ejecutó bajo la forma de un “accidente” vial. Culminaba así toda una historia de espionaje, hostigamiento, persecución y muerte, a la que seguiría otra de intrigas políticas, judiciales y eclesiásticas.

Cuarenta y dos años después de su asesinato, la Iglesia, de la mano del papa Francisco, reconoce el martirio de Angelelli y lo beatifica, convirtiéndolo en el primer mártir de la Iglesia argentina y la primera víctima de la dictadura militar llevada a los altares. Este libro cuenta su historia.

¿Cómo era Angelelli como persona?

Era una persona afable, sencilla, de fácil llegada a la gente, con gestos de generosidad, según los testimonios recogidos. Al mismo tiempo, tenía convicciones firmes y no temía expresar sus diferencias, especialmente cuando una situación lo enfrentaba con el poder. Cuando fue rector del seminario en Córdoba mostraba una particular sintonía con los jóvenes.

¿Y como obispo?

Tenía un trato directo con los sacerdotes. No le gustaban los honores y trataba de evitar la distancia con la gente. Muchos sacerdotes y religiosas recuerdan que siempre les aconsejaba: “Tenés que llenarte la panza de verde, de tanto tomar mate con los vecinos”. Su lema principal era “con un oído en el evangelio y el otro, en el pueblo”

¿Está absolutamente demostrado que fue asesinado por odio a la fe?

Así lo determinó la Iglesia al proclamarlo mártir. La causa judicial probó que Angelelli “murió en una acción premeditada provocada y ejecutada en el marco del terrorismo de Estado”. Muchas pruebas y testimonios indican que en ese tiempo la Iglesia de La Rioja padecía un continuo hostigamiento y persecuciones, con detenciones y hostilidades hacia sacerdotes, religiosas y laicos colaboradores del obispo.

¿Como en el caso de San Romero, la derecha quiso politizar hasta el extremo a monseñor Angelelli, para así estigmatizarlo?

Se lo politizó en vida y después de muerto. Angelelli era acusado de obispo comunista, “rojo” y marxista, lo que en ese clima de enfrentamiento y violencia política equivalía en la Argentina a sellar una condena a muerte. Las autoridades militares y policiales, identificadas con un extremo fanatismo ideológico de derecha, intentaron desacreditar su figura, lo que se facilitó por el silencio de la conducción del Episcopado en esos años.

Una voz silenciada
¿Qué relación mantuvo con Jorge Bergoglio?

El padre Jorge Bergoglio estuvo dos veces con Angelelli en 1973, época en la que se intensificó el clima de hostigamiento. El sacerdote jesuita Puchetta, por ejemplo, fue salvajemente golpeado, cerca de la ciudad de Famatina.

En junio de ese año el obispo Angelelli fue apedreado en la ciudad de Anillaco y al día siguiente se encontró con Bergoglio porque había acordado predicar un retiro a seis sacerdotes jesuitas, que debían participar de la elección del superior provincial, cargo que finalmente recayó en el actual Papa.

En otra ocasión, Bergoglio visitó La Rioja con el superior general de los jesuitas, el padre español Pedro Arrupe. Y en los momentos de mayor tensión en La Roja, Angelelli condujo personalmente a tres seminaristas al Colegio Máximo de San Miguel, el seminario de los jesuitas que conducía Bergoglio, quien los recibió y les dio protección. Uno de esos tres jóvenes, ordenados luego sacerdotes, hoy es obispo auxiliar de Santiago del Estero, Enrique Martínez Ossola.

Si no fuera por Francisco, ¿habría llegado a los altares?

La causa de beatificación de Angelelli y los mártires riojanos avanzó en forma decisiva durante el pontificado de Francisco, especialmente después de que la Justicia confirmó que fueron víctimas de la represión ilegal durante la dictadura militar. La sentencia judicial facilitó la causa del martirio. Incluso, el Papa aportó a la Justicia documentación que se conservaba en el Vaticano.

Asesinado
¿Por qué su figura sigue provocando división entre los argentinos?

La figura de Angelelli no escapa a una realidad muy presente en la Argentina y que hoy adoptó el nombre de grieta. A pesar de que transcurrieron más de 40 años, el país no superó los enfrentamientos políticos y la división persiste. En esa disputa queda envuelta la figura de Angelelli, incluso dentro de la propia Iglesia, y tampoco se salva de esos cruces políticos la estampa del papa Francisco, especialmente cuando la Iglesia asume la voz de los más pobres.

¿Qué pretende conseguir con la publicación de su libro?

Aspiro a que la gente conozca sin prejuicios los hechos que rodearon los crímenes de Angelelli, de los padres Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville y del dirigente laico Wenceslao Pedernera. Que advierta hasta qué extremo irracional puede llevar la intolerancia humana.

En general, ¿la jerarquía argentina se siente orgullosa de la elevación a los altares de monseñor Angelelli?

Hoy el Episcopado cierra filas en torno de Francisco. Hay alguna voz aislada que expresa su descontento, pero en general hay aceptación y acompañamiento. Aunque en algunos casos pueda tratarse de obediencia.

Los obispos agradecieron a Francisco el anuncio de la beatificación de Angelelli
¿Hay figuras como él en el actual episcopado argentino?

En tiempos de Angelelli había también figuras extremadamente conservadoras, opuestas a su pensamiento. Hoy en la Iglesia argentina se diluyen las expresiones extremas. Hay un acompañamiento muy mayoritario a favor de la pastoral de Francisco.

¿Cree que, por fin, Francisco se va a decidir a visitar Argentina?

Es probable, pero difícilmente en un año electoral como 2019. En mayo próximo los obispos argentinos harán la visita ad limina y todos irán a Roma a ver al Papa. Ya anticiparon que le expresarán el deseo conjunto de que visite la Argentina. Pero no será fácil, Francisco no solo no viajó a la Argentina. Tampoco lo hizo a España, Alemania, Francia y Gran Bretaña, grandes países occidentales. Marcadamente le asigna a los viajes pastorales un sentido pastoral y su prioridad son las regiones más postergadas, los países africanos y orientales.

¿El país se siente orgulloso de un Papa que se ha convertido en poco tiempo en la mayor autoridad moral del planeta y en un líder global?

Lamentablemente, en la Argentina cuesta encontrar una mirada más allá de la coyuntura local. El aislamiento al que llevó el gobierno anterior produjo ese déficit de miradas más amplias, que se mantiene y que costará erradicar. Por eso en general se mide al Papa casi exclusivamente en función de los intereses y las mezquinas pequeñeces locales.

Fuente: religiondigital.org