Son totalmente falsos los argumentos sobre la imposibilidad de implementar el Ingreso Básico Universal
Un viejo proverbio español dice que el ser humano es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra. Aunque, en verdad, no es al único animal al que le pasa eso, podría agregarse que el ser humano es el único animal inteligente que se tropieza, una y mil veces, con la misma piedra. La historia de la humanidad está plagada de hechos que demuestran esta verdad. Una buena prueba de ello es que los sectores de poder utilizan a los más necesitados para satisfacer sus ambiciones y, a pesar de que los pobres superan con creces en número a los ricos, en lugar de revelarse, han ayudado –y ayudan hoy en día– a consolidar el poder de los poderosos, recibiendo como única respuesta migajas y desprecio.

Es asombroso ver que algo está mal, saber que está mal, entender que está mal, hablar de que está mal y, sin embargo, no hacer nada o –lo que es peor– elegir hacer aquello que está mal. Pero, aunque parezca un trabalenguas, esta situación pasa todos los días y representa una cruda realidad. Y creo, también, que es muy frecuente en el ámbito de la política. Muchos –en especial economistas– mientras están en el llano nos explican la necesidad de distribuir adecuadamente el ingreso nacional, se explayan sobre lo virtuoso de esa acción y el impacto económico y social que traería consigo. Así, los oímos decir infinidad de veces que es necesario replantear el acuerdo con el FMI, pero una vez instalados en el gobierno, reafirman la necesidad de cumplir a rajatablas con el mismo. Pregonan que hay que distribuir adecuadamente la renta nacional y en cuanto acceden al gobierno congelan vacantes y al diablo con el shock distributivo. Destacan la necesidad de empezar por los que menos tienen, pero una vez en el gobierno, todo el crecimiento se lo quedan los más poderosos… y así sucesivamente ante cualquier conquista social. Ni por error se les ocurre distribuir ingresos entre las personas que viven en estado de indigencia, pero se llenan la boca con el crecimiento económico que, por supuesto, queda en manos de algunos elegidos.
Sueño con un país donde lo habitual sea la coherencia, donde lo que se dice en el llano se cumpla en los hechos y en las decisiones de gobierno que se encaren. El único período en que esta premisa fue palmariamente cumplida fue durante el kirchnerismo, de la mano de Néstor y Cristina. Los resultados fueron espectaculares, tanto en crecimiento y distribución de la riqueza como en la creación de empleo. Creo que esta es la principal causa por la que los dueños del poder concentrado odian tanto a Cristina, reforzado obviamente por la actitud de los medios de comunicación concentrados que, a partir de sus valores trastocados, castigan impiadosamente a quien quiera cumplir las promesas hechas al pueblo. Nos venden que cumplir está mal visto, mientras que engañar a la población, a los pobres y al pueblo entero les resulta motivo de distinción.

Quisiera desentrañar qué es lo que pasa por la cabeza de los gobernantes cuando acceden al poder, qué es lo que los hace cambiar tanto. El cinismo de Carlos Menem, al menos sobre este tema, guardaba cierta honestidad: él decía que, si hubiera dicho lo que iba a hacer, la gente no lo habría votado. Alguna vez tuve oportunidad de hablar sobre estos temas con Raúl Alfonsín y fue terminante al respecto. Me dijo: “Lo que pasa, Miguel Ángel, es que el poder estupidiza”. Yo añadiría que quien accede al poder siempre cree que este es eterno, y que él y solo él es el dueño de la verdad. Pero como enseñaba Gregorio Marañón en El conde-duque de Olivares, un día el poder se termina y el mundo sigue su marcha. Si no, pregúntenle a Martín Guzmán.

Hace unos pocos días estalló un debate que amagaba con ser uno de los más interesantes de nuestra historia social: el Ingreso Básico Universal. Cristina lo instaló sobre la mesa y motivó una reacción en cadena que hacía presumir que había llegado la hora. Lamentablemente, las palabras de la nueva ministra de Economía ahogaron la discusión antes de tomar cuerpo, ya que rápidamente desmintió toda posibilidad de que el gobierno enfrente semejante reforma. Me permito dudar respecto de que Silvina Batakis crea que ese debate es perjudicial en este tiempo. Creo, más bien, que le han pedido esa postura con el fin de “calmar a los mercados”. A veces creo que la inocencia de los gobernantes es ilimitada, porque me resisto a creer que sean cómplices de los mercados. Los mercados no se calman con nada ni se ponen nerviosos por nada, simplemente si ven sangre, allí van. La única forma de calmarlos aparecerá cuando la sangre la tengan que poner ellos, a partir de la imposición de medidas concretas que los hagan repensar y volver a su lugar. Es absurdo creer que, a esta altura del mandato, la crisis económica puede resolverse con diálogo y más diálogo. Esa ha sido la estrategia utilizada y ha fracasado estrepitosamente, y por una simple razón: el diálogo puede darse cuando las dos partes están dispuestas a conversar e intercambiar, pero si una se niega, no hay diálogo posible, aunque la otra tenga toda la voluntad del mundo.

Por ende, emerge como única posibilidad actuar con firmeza en el rol que al Estado le compete en defensa de la ciudadanía, con las leyes que tiene a mano y disponibles como la Constitución, la Ley de Abastecimiento, la de Góndolas. Obviamente se requiere coraje para enfrentar al poder económico y ubicarlo en su lugar, pero para eso mismo se está al frente del gobierno. Quien no esté dispuesto a acompañar esta tarea debe dejar su lugar a alguien que recoja la bandera de lo nacional y popular y la lleve a la victoria.

Para comprender que son totalmente falsos los argumentos esgrimidos en relación con la imposibilidad de implementar una distribución del ingreso más equitativa por medio del Ingreso Básico Universal, conviene desnudar las mentiras del poder: 1 Es mentira que no se pueda implementar el Ingreso Básico Universal por falta de recursos suficientes. Recursos existen, el tema es quién se los lleva:
Mediante los planes de facilidades de pago de regularización de aportes, desde 2005 a 2015, se incorporaron 4 millones de beneficiarios del sistema previsional. La economía, lejos de deprimirse, creció fuertemente.
La dupla Menem-Cavallo inició, desde 1993, un proceso de disminución de las contribuciones patronales, sistema por el cual se transfirió al sector privado el 3% del PBI por año, en perjuicio de los que menos tienen.
Antes de Mauricio Macri, el gasto en materia de seguridad social alcanzó el 11% del PBI. Hoy apenas llega al 8%.
Los distintos planes de promoción impositiva motivan que sectores privilegiados de la economía –Clarín y La Nación, entre ellos– se queden con el 2,65% del PBI.
La economía creció, en 2021, el 10,4% del PBI. Nada de ese monto fue direccionado a los sectores populares, sólo engrosó los bolsillos de los poderosos de siempre.
2 Es mentira que haya que ingresar a todos de una sola vez. Se puede segmentar la incorporación, por ejemplo: los que se encuentran debajo de la línea de indigencia, luego las mujeres que se encuentran debajo de la línea de pobreza y finalmente los hombres que están debajo de la línea de pobreza. Incluso puede segmentarse geográficamente. En una palabra, se puede ordenar el gasto y las necesidades de los que menos tienen a medida de la disponibilidad de recursos, pero con un plan definido previamente.
3 Es mentira que el Ingreso Básico Universal sea un problema para la creación de empleo. Es exactamente al revés. El Ingreso Básico Universal es una herramienta poderosa para la creación de empleo:
Al momento de la incorporación, se pueden captar las capacidades de la población y así mejorar su capacitación y, con ello, generar un plan de empleo que permita que quienes contraten a las personas del programa puedan pagar la mitad del salario por un tiempo determinado, mientras la otra mitad esté a cargo el Estado.
Se puede crear una gran bolsa de trabajo que promueva el empleo y el crecimiento.
Se puede preparar gente, cuyas capacidades lo permitan, para actuar en las condiciones modernas del trabajo y las nuevas tecnologías.
Se pueden entrenar personas en áreas que auxilien al Estado en la realización de controles e inspecciones necesarias tendientes a impedir abusos y/o malos usos de herramientas de política económica y social.
Puede ser útil para dar cobertura a las necesidades de trabajo temporario.
Puede ser una herramienta de estímulo importante, sobre todo para los jóvenes, para terminar y/o completar su educación.
Es una herramienta fenomenal en la lucha por la igualdad de género, al brindarle a las mujeres recursos que faciliten su supervivencia y la de sus hijos cuando padecen maltrato o violencia.
4 Es mentira que el Ingreso Básico Universal induzca a la vagancia. Lejos de ello, toda la experiencia internacional demuestra que, donde se implementó, los beneficiarios fueron muy cuidadosos en el uso de los recursos y generalmente se destinaron a mejorar sus condiciones de vida presentes y futuras.
5 Es mentira que el Ingreso Básico Universal no se haya aplicado en ninguna parte del mundo. A los que piensan así les recomiendo que lean un libro que lleva por título Utopía para realistas, escrito por Rutger Bregman. Allí se relatan cientos de casos en que se aplicó y los logros obtenidos. En Europa, 29 países tienen programas con sus propias características, China sacó de la pobreza extrema a más 300 millones de personas con un sistema similar y el que hace más tiempo que se aplica es en Alaska.
“Mienten, mienten, qué forma de mentir”, como dice Víctor Heredia en su canción Niños de plástico. Y eso duele mucho, por la traición ideológica que representa violar la palabra cuando se prometió que el gobierno empezaría por los que menos tienen.

No hay que olvidar que el fascismo se fundó sobre la base de la mentira repetida una y otra vez. Así lo enseñó el nazi Joseph Goebbels, y ese mecanismo luego fue adoptado por varias dictaduras que padeció América Latina. Hoy lo vemos a diario también con el esquema de las llamadas fake news, utilizadas por los sectores de poder apoyados por los medios concentrados de comunicación para hacer la vida intolerable, que en su desesperación por destruir los gobiernos populares, no escatiman infamias ni violencias explícitas.

Pero quizás lo más preocupante es comprender que frenar el Ingreso Básico Universal es el mayor triunfo de los neoliberales, de los grupos de poder concentrado y de los organismos internacionales dominados por el capitalismo internacional. Ese triunfo se ve, incluso, en algunas reacciones de la prensa progresista, que lo discuten como un tema secundario, casi utópico, sin entender que una democracia es incompatible con el 40% de personas con sus necesidades básicas insatisfechas.
La Argentina necesita un grito de esperanza: el Ingreso Básico Universal puede encarnarlo. Hay que movilizarse, luchar y dar todos los días la batalla por la igualdad. En esta lucha no sobra nadie. Requiere ética y firmeza, por amor a la patria y por los recuerdos de nuestros mártires que ofrendaron su vida por un mundo mejor.
Todavía estamos a tiempo.
POR MIGUEL FERNÁNDEZ PASTOR
Fuente: COHETE A LA LUNA