“Muchas empresas de biotecnología que trabajaron en soluciones para el Covid han utilizado los créditos y aportes de programas oficiales”, destacó Kulfas.

Por Natalí Risso para Página 12

Desde diciembre de 2019, la cartera productiva destinó 2.800 millones de pesos para financiar proyectos de inversión, de investigación y desarrollo y reconversión productiva para combatir y tratar la Covid-19 y producir equipamiento médico. Uno de los destinatarios fue Laboratorios Richmond.

El laboratorio recibió un crédito para capital de trabajo por casi $30 millones a través de la Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa y los Emprendedores y un Aporte No Reembolsable de 13 millones de pesos dentro del Programa Soluciona, que destinará a la adquisición de equipos como el caso de un isolator, un dispositivo que facilita el aislamiento de un producto en ambiente estéril.

“Muchas empresas de biotecnología de nuestro país que trabajaron en soluciones para el Covid han utilizado los instrumentos y los beneficios fiscales que otorga el Régimen de la Economía del Conocimiento”, asegura el ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas.

Por su parte, la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i) del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación también financió en varias ocasiones diversos proyectos de esta empresa que le permitieron ampliar sus capacidades.

En tanto las acciones del laboratorio Richmond se dispararon por encima del 30 por ciento en la Bolsa porteña luego de que se diera a conocer la elaboración de los lotes de prueba de la vacuna Sputnik V. La cotización del laboratorio que preside Marcelo Figueiras había cerrado en un valor de $194 el lunes y luego del comunicado que la compañía envío a la Comisión Nacional de Valores (CNV), subió a $258.

“Que la vacuna se produzca en el país implica el fortalecimiento de las capacidades locales. En este contexto de pandemia y voluntad política para el acompañamiento, las empresas hicieron grandes inversiones para adquirir equipos, contratar recursos humanos altamente calificados y obtener nuevas habilitaciones ante los organismos regulatorios. No solo hubo un aumento en las actividades de la Economía del Conocimiento, sino que hubo un fortalecimiento que dejará capacidades instaladas para el largo plazo”, concluyó Kulfas.

Soberanía
Que Argentina se haya sumado a la escasa cantidad de países que producen vacunas tiene, más allá de la buena noticia en términos sanitarios, un significado y un significante importantísimo para la industria y la soberanía nacional. En un mundo donde el desarrollo industrial se encuentra concentrado en economías de ingresos altos, que el país cuente con la estructura y capacidad productiva para llevarla a cabo merece un análisis acerca del camino recorrido para lograrlo.

La noticia de ayer rebatió además uno de los principales argumentos de las grandes farmacéuticas en pleno conflicto para que cedan la tecnología y renuncien al beneficio monopólico que le brindan las patentes para producir y comercializarla: que el cuello de botella no está en la propiedad intelectual sino en la capacidad productiva de los países. Es que fabricar una vacuna es un proceso sofisticado que “requiere el acceso a equipos y bienes especializados, así como a instalaciones de almacenamiento y mano de obra altamente calificada”, asegura un informe de la OCDE.

Que Argentina sea el primer país de América Latina con la capacidad para producir vacunas en el país no fue magia: se trata también de una apuesta al desarrollo de la biotecnología traccionada con fuerza desde el Estado, incluso desarmando la propia narrativa construida en torno al lugar que ocupamos en la cadena de valor mundial: pareciera ser que ya no queremos ser más el granero del mundo; tampoco el supermercado. Sin ir más lejos, fue la propia Cristina Fernández de Kirchner quien inauguró, en 2011, la planta farmacéutica del laboratorio en el conurbano bonaerense.

“Argentina está posicionada entre los 20 países más destacados en temas de biotecnología y me animaría a decir que el más relevante en capacidades de la región. Gracias a nuestra universidad pública que aporta recursos humanos de excelencia, al financiamiento aportado por el Estado para desarrollos innovadores y a mecanismos de promoción para esta industria tenemos un grupo de empresas, además de Laboratorios Richmond, con capacidades para que en nuestro país se produzcan distintas vacunas”, explica en diálogo con Página 12 María Apólito, subsecretaria de Economía del Conocimiento perteneciente al Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación y agrega que “hay algunos proyectos de desarrollo en fase preclínica para obtener una vacuna nacional que también representaría para el país un hito histórico”.