Se ha dado un gran paso hacia cierta igualdad, pero harán falta varios meses de discusiones para democratizar las patentes y poder fabricar la vacuna localmente.

Por Eduardo Febbro para Página 12

Desde París. Y de pronto se hizo la luz, al menos un resplandor retórico. Habló el amo y los países europeos que hasta hace unas semanas se oponían a la liberación de las patentes de la vacuna contra la Covid-19 cambiaron radicalmente de posición. A pesar de que Estados Unidos era, junto a la Unión Europea, el principal obstáculo para la liberación de las patentes, la administración de Joe Biden protagonizó un giro histórico cuando, este miércoles 5 de mayo, la representante de Comercio Exterior estadounidense, Katherine Tai, emitió un comunicado donde afirmó que “esta es una crisis de salud mundial y las circunstancias extraordinarias de la pandemia de la covid-19 exigen medidas extraordinarias”. Tai agrega que la Administración sigue creyendo con firmeza “en la protección de la propiedad intelectual, sin embargo, con la meta de acabar con esta pandemia, la Administración respalda la exoneración de esa protección para las vacunas de la covid-19″. En octubre de 2020, India y África el Sur habían pedido a la OMC (Organización Mundial del Comercio) la exención de las patentes. A esa exigencia se sumó la Argentina y otros 60 países, pero la iniciativa chocó con la sordera de las potencias, desde Washington hasta la Unión Europea. El cambio de posición de Estados Unidos provocó una insólita corrida en el Viejo Continente, empezando por Francia y, desde luego, la Unión Europea. El pasado 23 de abril, el presidente francés, Emmanuel Macron, se pronunció contra la cancelación de la propiedad intelectual de las patentes. Macron, que había vetado la idea en el seno de la OMC, defendió entonces el principio de “compartir la vacuna” y subrayó que el tema central no eran las patentes sino la transferencia de tecnología. Pero una vez que la administración norteamericana modificó su postura, Macron y los europeos hicieron lo mismo. El mandatario francés se corrió por la izquierda y este jueves 6 de mayo dijo que era “totalmente favorable a que la propiedad intelectual se levante”. Resulta cómico ver la rapidez con que se mudaron las posiciones porque no sólo Macron se oponía a esta opción sino, también, varios de sus ministros. Estos mismos ministros que se habían pronunciado abiertamente contra la cancelación de la propiedad intelectual (Olivier Véran, Salud, Clément Beaune, Secretario de Estado para los asuntos europeos, entre otros) celebran hoy la nueva doctrina del amo.

La Unión Europea (UE) alineó igualmente su posición, aunque tímidamente. Bruselas y Washington compartían la posición según la cual la suspensión de los derechos de la propiedad intelectual podía ser más contraproducente que beneficiosa porque ello no garantizaba la seguridad necesaria para la producción de la vacuna. También se alegó que esa solución tomaría mucho tiempo y tornaba incierta la producción en masa de la vacuna. El lunes pasado, Thierry Breton, el Comisario europeo encargado del mercado interno, dijo que una “transferencia de las patentes vería la producción comenzar recién dentro de 14 meses”. 154 millones de infectados y más de 3,2 millones de muertos después, Occidente abre el juego a la exigencia de buena parte del planeta. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó ahora que está dispuesta a “debatir cualquier propuesta que aborde la crisis de manera eficaz y pragmática. Y por eso estamos listos para hablar sobre cómo el levantamiento de la propiedad intelectual puede ayudar en alcanzar ese objetivo”. La responsable adelantó un llamado “a todos los países productores de vacunas para que permitan la exportación y eviten medidas que interrumpan las cadenas de suministro”. Bruselas entreabre la puerta sin tomar, de hecho, una posición clara, tanto más cuanto que, en febrero de 2021, durante una reunión con el bloque de eurodiputados de la izquierda, Von der Leyen dijo: “no soy muy amiga de suspender los derechos de la propiedad intelectual. Lo que nos hacen falta son vacunas. No se puede cambiar (la producción) a un lugar distinto de un día para otro”. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS (Organización Mundial de la Salud) celebró la posición de la Administración norteamericana en términos muy entusiastas:” se trata de un momento monumental en la lucha contra la pandemia”, dijo Ghebreyesus.

España siguió los pasos de la UE. Según el diario El País, “el respaldo del Gobierno de Pedro Sánchez a la propuesta de Biden ha quedado plasmado en un documento oficioso que la delegación española presentará en la cumbre europea que se celebra este viernes y sábado en Oporto”. En Moscú, en tanto, el presidente ruso, Vladimir Putin, también dio su espaldarazo a la idea. “Por supuesto, Rusia apoyaría una idea así”, dijo el presidente ruso. El papa Francisco dio su bendición a la propuesta y el presidente de la Pontificia Academia para la Vida, monseñor Vincenzo Paglia, dijo que el Vaticano celebraba la “sabia decisión” del mandatario estadounidense. En cambio la canciller alemana, Angela Merkel mantuvo su postura en contra de liberar las patentes. “La sugerencia de Estados Unidos para suspender las patentes de vacunas contra Covid-19 tiene importantes implicaciones para la producción de vacunas como un todo”, afirmó una portavoz del gobierno alemán. “La protección de la propiedad intelectual es una fuente de innovación y debe seguir así en el futuro. Los factores limitantes en la producción de vacunas son la capacidad de producción y los altos estándares de calidad, no las patentes”.

Una pequeña revolución está en curso con el telón de fondo de un mercado colosal. La Federación Internacional de Fabricantes y Asociaciones Farmacéuticas (IFPMA) calificó de “decepcionante” el apoyo de Biden a una posible suspensión de las patentes. Se trata, dice la Federación, de una medida que “no aumentará la producción de las dosis” porque es “la respuesta simple pero equivocada a un problema complejo”. Las farmacéuticas detrás de la vacuna divulgaron el miércoles las cuentas del grandioso negocio que representó el descubrimiento, la producción y la distribución de la vacuna. El laboratorio Pfizer reveló que pensaba facturar 26.000 millones de dólares gracias a la venta de la vacuna. Sólo en el primer trimestre de 2021 la formula Pfizer-BioNTech generó 3.500 millones de dólares. A titulo comparativo, esta cifra representa mucho más de todo lo que el laboratorio gana en un año con la venta de sus productos más difundidos. Al otro laboratorio, Moderna, tampoco le va mal. La fórmula de Moderna calcula ganar unos 18 mil millones de dólares durante 2021. Para ambos laboratorios, lideres absolutos de la producción y de la confianza, el horizonte es radiante. Según reconoció el martes el presidente de Pfizer, Albert Bourla, ”en base a lo que ya hemos visto pensamos que es muy probable que la demanda de nuestra vacuna contra el Covid-19 sea duradera, tal como ocurre con las vacunas contra la gripe”. Bulgaria reveló hace unos días que los nuevos contratos entre la Unión Europea y Pfizer-BioNTech se negociaron con un aumento considerable: la vacuna habría pasado a costar 19,50 euros contra 15,50 antes.

El anuncio de Washington, sin embargo, podría modificar esas previsiones a mediano plazo. Las acciones de las farmacéuticas Pfizer, BioNTech y Moderna cayeron con fuerza en las bolsas. Una nueva batalla comienza, una batalla temporal. Cuanto más se tarde en producir la vacuna mediante las patentes liberadas, más ganarán los laboratorios. Pero la tarea es titánica. La suspensión de las licencias o patentes no soluciona, en lo inmediato, los desafíos que plantea la producción en masa y a corto plazo de la vacuna. Hay, detrás, enormes problemas logísticos. La tragedia radica hoy en la vergonzosa disparidad que existe entre el ritmo con que se distribuye la vacuna en los países occidentales ricos y la falta de dosis en el resto del planeta. Cabe recordar que Estados Unidos cambió su posición con respecto a las patentes una vez que se garantizó la vacunación masiva de su población. El mercado de las vacunas terminó estando en manos de un oligopolio que no cederá fácilmente sus derechos. Producir la formula afuera esboza desafíos logísticos, industriales, de suministros de materias primas, así como de capacitación de los fabricantes para evitar las fallas. Si con Estados Unidos a la cabeza se liberan las patentes, la problemática deja de ser jurídica para volverse industrial. La producción libre no es automática, como tampoco basta con lo que dijo Estados Unidos. El freno jurídico no está tampoco resuelto. Para que se cambien las reglas de la Organización Mundial del Comercio se requiere un voto unánime. De los 164 países que componen la OMC, apenas 60 respaldan la exención (la Unión Europea puede revisar su posición, pero Suiza, Japón y Brasil son adversarios de este principio). Harán falta varios meses de discusiones y aún más para democratizar las patentes y poder fabricar la vacuna localmente. Se ha dado un gran paso hacia cierta igualdad. Todavía queda por apuntalar un edificio que, desde el principio de la pandemia y de las investigaciones científicas, debió ser un bien mundial y no un tesoro privado, reservado a las farmacéuticas de Occidente y a sus ciudadanos.

efebbro@pagina12.com.ar

By omalarc

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