Entrevista al filósofo italiano Franco “Bifo” Berardi

 

Los textos de su libro “Medio siglo contra el trabajo” abarcan una amplia cronología, pero asombran por su vigencia. En esta extensa entrevista, Berardi analiza entre otras cuestiones los procesos de ultratecnologización, y el modo en que la explotación laboral ha refinado sus métodos.

Por María Daniela Yaccar

En los últimos 60 años el mundo laboral experimentó un enorme cambio que derivó en una “desterritorialización” de las actividades. Los trabajadores, precarizados y aislados, no pueden unirse en solidaridad. Esto fue producto de la “contrarrevolución político-social del neoliberalismo”, que se entrelazó con la “mutación tecnológica digital”. “El capital tecno-financiero no es identificable en términos territoriales ni personales”, lo que dificulta cualquier negociación, postula el filósofo italiano Franco “Bifo” Berardi, en una extensa conversación con Página/12 vía mail.

Otra hipótesis que plantea el pensador al ser consultado por la situación política argentina, específicamente sobre el triunfo de Milei en las PASO, es que, junto a la inteligencia artificial, la “demencia” se expande por el mundo: no son las máquinas las que se alinean a “valores humanos”; nuestros cerebros toman sus lógicas. “El nazismo contemporáneo nace de un fenómeno de demencia masiva”, advierte Bifo.

Los escritos que el pensador y activista italiano elaboró entre los años setenta y la actualidad son recopilados en Medio siglo contra el trabajo. Canon Bífido, su último libro publicado en la Argentina, por Tinta Limón. Para el autor, este material permite a sus lectores “entender la evolución” de su pensamiento. Hay ideas que pertenecen claramente a su tiempo -como el sueño de una gran revolución del poder obrero-, alimentadas por la participación de su autor en movimientos que encararon luchas determinadas. Hay otras que para nada han envejecido, y sorprende el hecho de que las haya planteado tan temprano: ya en los setenta hablaba de los impactos de la tecnología en el ámbito laboral; y en los noventa advertía sobre los graves problemas que empezaba a causar en cuerpos y mentes su invasión en la vida cotidiana.

Bifo nació en Bolonia en 1949. Participó de las revueltas juveniles del ’68; fue amigo de Félix Guattari; frecuentó a Foucault. Fundó revistas, radios alternativas y señales de TV comunitarias. Algunos de sus libros son La fábrica de la infelicidad; Telestreet; Generación post-alfa; El sabio, el mercader y el guerrero; Félix; La sublevación y Umbral. Crónicas y meditaciones.

En los setenta formó parte de una estrategia política de la izquierda radical y de movimientos contraculturales que planteaban un rechazo al trabajo. Ese es el hilo conductor de las intervenciones que recoge el libro, pero la verdad es que es un combo explosivo, casi 500 páginas en las que transita por diversos temas: “las mutaciones de la dominación capitalista, el sufrimiento psíquico, la tenaza tecnológica, las prácticas artísticas, los procesos de subjetivación, las psicopatologías de la comunicación, los neofascismos, la clausura del futuro, la sensibilidad, la amistad y la guerra”. Este es el resumen que aparece en la contraportada del texto, editado por idea de Federico Campagna, su “curador”. En esta nota, Bifo da respuestas acerca de algunos de esos tópicos y suma su mirada sobre el conflicto en Medio Oriente (ver aparte). Recientemente Lobo Suelto publicó un artículo suyo al respecto (“Ojo por ojo y el mundo está ciego”). Es un diario que reúne los acontecimientos previos a la declaración de guerra, con una introducción en la que señala que la prensa italiana nunca se refiere a los israelíes como terroristas.

-¿Cuáles son los principales cambios que se observan en el mundo del trabajo desde los ’60 para acá?

-La contrarrevolucción político-social del neoliberalismo, entrelazada con la mutación tecnológica digital, ha producido un efecto de disgregación y de precarización del trabajo: precariedad, en su vinculación con la desterritorialización de la actividad, significa esencialmente la ausencia de una dimensión territorial común a los trabajadores. Además, el trabajador precario se encuentra en una persistente condición de competencia. Eso ha desintegrado la solidaridad en el frente del trabajo. Estas transformaciones han destrozado las condiciones mismas de la solidaridad social y han establecido las de la esclavitud high tech.

-¿Quién es el enemigo ante el cual rebelarse hoy? Usted dijo que enfrentamos la novedad de que la burguesía no existe más.

-La burguesía era una clase territorializada, concretamente identificable en seres humanos que podían tomar decisiones en la negociación con los sindicatos. El capital tecno-financiero no es identificable en términos territoriales ni personales, lo que hace difícil la negociación, la presión social para obtener mejoras salariales, etcétera. Al mismo tiempo la decisión humana ha perdido fuerza y autonomía porque la fuerza que decide es la cadena de automatismos técnicos incorporados en las máquinas de producción y sobre todo en la red financiera. No hay un enemigo concreto sino una cadena de abstracciones que pretenden ser naturales, ineludibles.

-En los ochenta describe el pasaje del trabajo fabril a un sometimiento de la actividad creativa, científica, intelectual. Aparece luego el término “cognitariado”. ¿Es un concepto que aún nos sirve para pensar esta época?

-En el segundo volumen de Los Grundrisse, en el “Fragmento sobre las máquinas”, Marx habla de la formación in fieri (“en proceso”) del general intellect, la forma social en la cual se encarna el conocimiento productivo. Esta intuición de Marx se concreta cuando la red digital hace posible una creciente potencia productiva de la información. Proletarios de la cognición: cognitarios. La autoorganización del trabajo cognitivo sería la única manera de empezar un proceso de deconstrucción del poder automatizado tecno-financiero. Dado que el fascismo y la violencia se están extendiendo en todos los lugares del planeta, no me parece que las condiciones de un proceso de autoorganización del cognitariado siga siendo posible. La alternativa es la barbarie desencadenada, la guerra, y al final la terminación de la civilización.

-Dentro de los trabajadores precarizados es común ver que algunos prefieren no tener sindicato ni horarios fijos; dicen sentirse cómodos como “emprendedores”. En Argentina esto se observa entre quienes hacen delivery de comida y en los trabajadores de la tecnología. ¿Por qué ocurre?

 

-La individualización de la relación entre trabajador y empresa ha sido una de las trampas que ha permitido al capital maximizar la ganancia y reducir el salario. La ideología de ser free agents, autoemprendedores, tuvo mucha fuerza en los noventa, en el período de emergencia de las llamadas dot.com, pequeñas empresas de creación digital que fracasaron durante la crisis digital del comienzo del nuevo siglo. Los trabajadores de las dot.com perdieron el control de su trabajo y de sus creaciones; fueron subyugados por las grandes compañías digitales que se formaron en este período. De esta manera los autoemprendedores fueron proletarizados, pero la ideología totalmente falsa de la autoempresa sigue funcionando.

-Un libro de Byung-Chul Han –Capitalismo y pulsión de muerte- recoge una polémica entre el filósofo coreano y Toni Negri. Mientras el último confía en la “resistencia”, una “multitud” capaz de derrocar el imperio, Byung-Chul Han cree que hoy no es posible ninguna revolución. Los trabajadores son empresarios de sí mismos, autoexplotados. Las personas están agotadas, depresivas, aisladas. ¿Qué posición toma en este debate?

 

-No me interesa mucho la retórica negriana, me parece algo falso y antiguo. El discurso de Byung-Chul Han me parece una reproposición tardía de intuiciones de Baudrillard. “Multitud” es una palabra que no significa mucho, pero la afirmación de que no es posible ninguna revolución me parece una banalidad. El problema es cómo se puede concretar alguna autonomía desde la forma actual del capitalismo tecno-financiero y tecno-militar. Mi respuesta es: deserción. Desertar del trabajo, del consumo, la política institucional, la guerra, la procreación.

-¿Qué quiere decir “desertar del trabajo”? ¿Cómo podríamos hacerlo cuando necesitamos de él para subsistir?

-En las grandes fábricas italianas la expresión “rechazo del trabajo” circulaba (en los setenta) abiertamente: significaba el rechazo de una alienación intolerable para los jóvenes migrantes que venían de los pueblos del sur, de Sicilia, Calabria, Nápoles. Bloqueo de las líneas de montaje, sabotaje, huelgas salvajes eran algo común en la Fiat, la Alfa Romeo, la industria metalmecánica, química. Hoy no hay nada similar. El rechazo no es efecto de una energía colectiva y conciente, sino de una deserción pasiva, de un sentimiento de agotamiento. 350 mil trabajadores ingleses no han vuelto al trabajo después de la pandemia. Lo llaman “long covid”, pero no es claro que sea eso. Es una manifestación de cansancio físico y psíquico que tiene una dimensión masiva. En América lo llaman “la gran dimisión” de 4 millones y medio de trabajadores. En Italia los concursos públicos para los que en el pasado había 100 mil candidatos para diez puestos de trabajo hoy son desiertos. ¿Quién ha dicho que no podemos desertar del trabajo cuando lo necesitamos para existir? No me resulta. Hay maneras de sobrevivir sin consumir casi nada, o robando. Algunos pueden pensar que es mejor morir de hambre que aceptar la humillación deprimente del trabajo.

-¿Qué piensa de la tendencia mundial hacia la reducción de la jornada?

-Hace 40 años que tal vez se escucha esa posibilidad en algunos sectores del trabajo industrial. Pero se trata de experimentos aislados mientras que en los sectores menos protegidos -la gran mayoría- la explotación aumenta, como el tiempo de trabajo. Los peones del sur de España o del sur de Italia, migrantes africanos en mayor parte, trabajan 12 horas, no ocho. La gran mayoría de los trabajadores cognitivos no tiene horario. Los periódicos hacen mucha publicidad a pocos experimentos de reducción, pero no hablan mucho de las condiciones de los nuevos esclavos.

-Ya en los noventa advirtió sobre el pánico, la depresión, la angustia; los trastornos que podía generar la tecnología en los seres humanos. En los años 2000 habló de una “saturación patológica” masiva. ¿Qué panorama observa ahora?

-Los psiquiatras hablan de depresión masiva. La tasa de suicidio se ha alzado especialmente entre los adolescentes. El distanciamento obligatorio en la época pandémica ha producido un efecto de miedo, de angustia, que se podría definir como sensibilización fóbica al cuerpo del otro. El efecto es que en todos los lugares se difunde la agresividad, la guerra.

-En la Argentina estamos cerca de los comicios generales y en muchos generó un shock, una sorpresa, el triunfo de Javier Milei en las primarias. ¿Ha seguido las noticias del país? ¿Tiene una lectura sobre el fenómeno de Milei?

-Mientras que se difunde la inteligencia artificial (ver aparte) se difunde paralelamente la demencia natural. No es una broma: es un diagnóstico. Los efectos del alineamiento del cerebro humano a la inteligencia artificial funcionan de manera contraria a lo que dicen los apologistas de la ética para máquinas. No son las máquinas las que se alinean a los valores humanos (que no existen, que son criterios de elección histórica y antropológicamente determinados). El cerebro humano se alinea cada vez más a la lógica técnica de la máquina inteligente. En 1919, Sándor Ferenczi, un psicoanalista de la primera generación freudiana, dijo que el problema mayor era que no sabemos cómo curar la psicosis de masas. La psicosis de masas evoluciona en el totalitarismo nazi en las décadas siguientes. Hoy el problema es el mismo: la humillación, la soledad, la pobreza han producido efectos de depresión masiva entre los jóvenes, y de demencia senil, de agresividad en los impotentes. Los trabajadores no pueden rebelarse contra los explotadores y manifiestan agresividad contra los que son más pobres, más impotentes, los migrantes. El nazismo contemporáneo nace de este fenómeno de demencia masiva, que no sabemos cómo curar.

-¿Por qué el hecho de que el cerebro humano tome la lógica de las máquinas es un indicador de demencia masiva?

-Antes de las computadoras los niños aprendían la división. Hoy nadie aprende cómo dividir 100 por 5. La automatización de procesos cognitivos produce necesariamente la cancelación de competencias. La virtualización del contacto corpóreo ha producido un efecto de inhabilitación masiva a las (competencias) afectivas. La frecuencia de los encuentros sexuales ha caído dramáticamente en los últimos 30 años (David Spiegelhalter, Sex by numbers; Jean Twenge, I-generation). La humanidad está perdiendo competencias cognitivas y emocionales. El efecto es, por un lado, la depresión psíquica producida por la soledad, el revés paradójico de la hipercomunicación virtual. Por otro lado, la explosión de agresividad acumulada y no expresada. Al mismo tiempo debemos considerar la demencia senil de masa, un efecto de la prolongación del tiempo de vida en condiciones de aislamiento social cada vez más preocupantes.

La IA, un “peligro para la paz”

-¿Cuál es su pensamiento sobre la inteligencia artificial?

-Me acuerdo de lo que dice Humpty Dumpty. Alice le pregunta: “¿dónde esta la raíz del significado de las palabras?” Responde: la cuestión es quién comanda. Quien comanda establece el sentido de las palabras. Lo mismo cuando hablamos de la inteligencia artificial. ¿Quién comanda? El nazi Elon Musk, las grandes compañías tecno-financieras. Por consecuencia la inteligencia artificial es un peligro para la libertad pero también para la paz. La primera aplicación de la IA naturalmente es en el sistema militar. Por consecuencia podemos imaginar que la decisión sobre el lanzamiento de la bomba depende cada vez más de una cadena de automatismos lógicos y tecnológicos. ¿Cuál es la misión de la IA? Eliminar el desorden. ¿Quién es el desorden? Yo soy el desorden, y tú, y todos los humanos. Creo que tenía razón Stephen Hawkins cuando decía que la IA es el peligro más grande para el futuro de la humanidad. Pero, ¿podemos parar el proceso de control y muerte? En condiciones de competencia económica y militar no se puede parar nada. Si yo no produzco la muerte tecnológica, mi enemigo la producirá.

Las guerras

-Sobre la guerra Rusia-Ucrania afirma en el libro: “Es la culminación de una crisis psicótica del cerebro blanco”. Dice, además, que para analizarla precisamos de una “geopolítica de la psicosis”. ¿Por qué?

-La guerra Rusia-Ucrania y el exterminio recíproco israelí-palestino son la prueba clara del hecho de que estamos en una fase de acelerada violencia psicótica. La causa más profunda es la incapacidad del mundo blanco (judeocristiano) de aceptar la declinación del Occidente. La caída demográfica, el envejecimiento de la población, el agotamiento psíquico produce un efecto de reacción impotente y furibunda que se manifiesta como verdadera demencia senil colectiva llamada fascismo. El Occidente no puede parar esta tendencia, pero su reacción es de pura violencia, sin estrategia, futuro ni esperanza. La derrota del Occidente es inevitable en este sentido, pero se puede temer que su demencia senil prefiera el suicidio nuclear al desmoronamiento del dominio imperialista.

-“La venganza es todo lo que les queda a quienes son objeto de violencias y humillaciones sistemáticas”, escribió en su artículo sobre el conflicto en Medio Oriente, en el cual detalla las agresiones de Israel a los palestinos. ¿Puede resumir su postura?

-Nos encontramos frente un fenómeno de furia desencadenada tanto de un lado como del otro. Hamas es una organización suicida, porque el suicidio se ha vuelto la única forma de lucha eficaz. Marek Edelman, el único integrante del grupo ZOB (Organización Judía de Combate) que sobrevivió a la revuelta de los judíos del gueto de Varsovia, a quien se le preguntó por qué una revuelta tan suicida, respondió: “Hemos decidido de manera libre el momento y el lugar de nuestra muerte”. Los terroristas de Hamas pueden decir la misma cosa. Sólo la desesperación puede explicar lo que está aconteciendo: una ola de furia desesperada, de un lado y del otro. No creo que Israel sobreviva a la explosión de locura exterminadora que se ha desencadenado después de la agresión criminal palestina. Ojo por ojo, el mundo se ha vuelto ciego. Creo que después de este horror Israel se desintegrará.

Fuente: Página / 12 -18 de octubre de 2023 –

By omalarc

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