La delegación La Rioja del INADI condena la expresión de odio sufrida por el joven Gonzalo Quipildor, quien, el sábado pasado, al salir de un local bailable, fue atacado por varias personas que lo golpearon de manera brutal. El joven presentó la denuncia en el INADI La Rioja como un acto de odio por su orientación sexual.

“Nos parece preocupante este caso y las expresiones de violencia que estamos viendo continuamente sobre las personas del colectivo LGTBIQ+. Violencia que se naturaliza y se legitima desde los medios de comunicación cuando se reproducen estereotipos y estigmas en torno a la diversidad sexual, cuando se justifica la violencia por las características físicas o vestimenta de las victimas, expresiones de odio que ante la negligencia policial adquieren la gravedad de este caso”, expresó la delegada del INADI, Graciela Dascola.

“Desde el INADI instamos el respeto a la diversidad sexual de las personas, en el marco de la plena vigencia de los derechos humanos, algunos de los cuales, como el derecho a la vida, a la integridad física, a la libertad y a la salud, se relacionan íntimamente con la posibilidad de vivir plena y libremente la orientación sexual e identidad y expresión de género”, sostuvo Dáscola

El INADI trabaja para que no existan en la sociedad hechos de homofobia, lesbofobia y la transfobia, es decir el odio o la aversión hacia la homosexualidad, hacia las lesbianas y hacia las personas bisexuales, transexuales o transgénero. Esas conductas violentas implican discriminación, hostilidad, desaprobación hacia las personas no heterosexuales.

La discriminación hacia personas homosexuales, lesbianas, bisexuales y trans opera en distintos niveles. A nivel interpersonal esos prejuicios se transforman en actitudes discriminatorias que afectan las relaciones familiares, laborales y sociales debido a la utilización de insultos, apodos peyorativos, rechazo, abandono, segregación y demás comportamientos discriminadores. Institucionalmente, los organismos gubernamentales, empresariales, profesionales, educativos o religiosos también discriminan sistemáticamente, a veces incluso refugiados en leyes, códigos o reglamentos. A nivel cultural, las normas sociales, sin estar expresados en un reglamento, funcionan legitimando esa opresión, negando la diversidad, no mostrando discursos e imágenes positivas sobre las orientaciones no heterosexuales en los medios y en las producciones culturales.