Columna de Opinión

Por: Fernando Borroni

Era un dato que muchos no teníamos antes de votar al Frente de Todos. Sí sabíamos de los sapos. Lo que no imaginábamos era que con el tiempo iban a engordar tanto. Pero esta es la realidad. Estos es lo que es y se hace política con lo que hay para construir –en todo caso- otra realidad. Ayer asumió Sergio Massa con el porte de un presidente, que si bien no lo es en términos institucionales, lo es en términos políticos y armado de poder.

El poder que se construye en torno al “tigrense”, es legítimo, porque es parte fundamental de este frente, por tanto, puede ejercer estas funciones. Y más allá de los anuncios  al inmenso éter del mercado que ayer se pronunciaron, lo que quedó en limpio es que Sergio Massa será el puente entre un gobierno autodenominado popular, con el mercado.

Y que el mercado, junto con el gobierno, tomará las decisiones económicas del futuro.  Por tanto, esta etapa del gobierno nacional tendrá la fuerza política de Sergio Massa más el  acompañamiento del stablishment, quien le puede garantizar la continuidad presidencial -a Sergio Massa- si garantiza un modelo económico que no cuestione al stablishment.

El deseo de que a este gobierno le vaya bien es un deseo que nos atraviesa a muchos en lo más profundo, de la misma manera que el sentimiento inequívoco de derrota, nos atraviesa también a muchos.

Asumamos una realidad. El Frente Renovador que votó por los fondos buitres, que sostiene a Milagro Sala presa política, que está en la lista de invitados permanentes a la Embajada de los EE UU, gobierna hoy la Argentina. Y lo peor es que llegó a esta instancia con  los votos de aquellos que persiguió ideológicamente. Estoy hablando del kirchnerismo. Pero, es lo que se pudo construir. En fin, bienvenidos al peronismo y a la política real, concreta y cruda.

No es cierto, no fuimos mejores. No es cierto, no volvimos. Administrar al Estado no es gobernar. Negociar con todas las partes, no es gobernar, al menos, no es gobernar para el pueblo. Y después, a veces, nos preguntamos por qué un pobre vota a la derecha, o por qué un trabajador piensa con  la cabeza del patrón. Tal vez porque no tengamos casi ejemplos ni en los propios para demostrar lo contrario.

El riesgo de que el kirchnerismo se licúe en medio de este gobierno de supervivencia es grande. El riesgo de que, otra vez el peronismo se adapte a los tiempos neoliberales y entierre sus banderas como ya lo hizo en los ¨90, es grande. Dependerá, ya no de Cristina, terminemos con el edipo político, dejemos de pedirle a esta mujer. Dependerá de lo que el  pueblo con su clara conciencia de constituirse como poder popular, haga o deje de hacer. Quizás debamos asumir que éste no era el tiempo donde constituiríamos victoria desde nuestra propia mano. Quizás debamos advertir que habitamos una especie de purgatorio para luego desembocar en alguno u otro lugar donde la política sea más incómoda para los dirigentes y más cómoda para la gente.

Las enseñanzas de estos tiempos son muchas. Una de ellas es, que hasta los triunfos se pueden degustar grandes derrotas y que una persona sola nunca puede si no hay un pueblo que se decide a acompañarla más allá de lo que escriben  sus redes. Este es un momento de una profunda desazón, inocultable para quienes queremos poner en discusión un modelo económicamente injusto, socialmente desgarrador, mediáticamente autoritario y jurídicamente inquisidor. Nada de esto se ha puesto en discusión en ese gobierno que entiende que no se los puede enfrentar, ya no se con cuantas excusas.

Los sapos venían gordos e indigeribles, sin embargo, todo indica que éste es el único plato de la cena, si no, se viene el hambre rotundo, aunque muchos de estos sapos hayan sido gestores de ese hambre. Pese a esto, se presenta ideológicamente un escenario abrumador y socialmente doloroso. Seguimos caminando, seguiremos caminando porque no sabemos andar de otra manera. Seguimos caminando pero no así. Hasta acá llegamos. Tocan tiempos dolorosos para quienes soñamos con esa Patria sin hambre, con los pibes en la escuela y sus padres   y madres en el trabajo. Son tiempos difíciles pero de eso vivimos, de los tiempos difíciles. Así ha sido nuestra historia, la historia de los de debajo de los torturados, de los marginados, de los perseguidos de los inagotables tiempos neoliberales.

Nuestro campo, el popular, aun carga sus cicatrices, aún tiene el cuero marcado, pero, sigue andando, como alguna vez dijo Álvaro García Linera: “Luchar, vencer, caerse, levantarse, Luchar, vencer, caerse, levantarse, hasta que se acabe la vida, ese es nuestro destino”.

Buena suerte señor presidente Sergio Massa, si da las peleas que el pueblo reclama, ahí estaremos. Si no, al menos, tenga el decoro de no gobernar en nombre nuestro.

 

 

By omalarc

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